jueves, 21 de junio de 2012

JOHN BERGER

Diez notas sobre los muros
Tomado de la revista Ñ, del sábado 11 de diciembre del 2004
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Este texto fue escrito por John Berger días antes de las últimas elecciones de los Estados Unidos. "Intuía que Bush podía volver a ganar -comentó- y no quise escribir sobre política, sino sobre los efectos concretos de la política"

1

El viento se levantó por la noche y se llevó nuestros planes (Proverbio chino)

2

Los pobres no tienen residencia. Tienen hogares porque recuerdan madres o abuelos o una tía que los criaron. Una residencia es una fortaleza, no una historia; mantiene a raya al exterior. Una residencia necesita muros. Casi todos los pobres sueñan con una pequeña residencia, y es un sueño de reposo. Por más grande que sea la aglomeración, los pobres viven al descubierto, donde improvisan, no residencias, sino lugares para sí. Esos lugares son tan protagonistas como sus ocupantes; los lugares tienen su propia vida y, al igual que las residencias, no sirven a otros. Los pobres viven con el viento, con humedad, polvo que vuela, silencio, ruido insoportable (a veces con las dos cosas a la vez; ¡sí, esto es posible!) con hormigas, con animales grandes, con olores que salen de la tierra, ratas, humo, lluvia, vibraciones de otro lugar, rumores, anocheceres, y unos con otros. Entre los habitantes y esas presencias no hay líneas divisorias claras. Inextricablemente confundidos, conforman juntos, la vida del lugar.

"Se instalaba el crepúsculo; el cielo estaba envuelto en una fría bruma gris y la oscuridad ya empezaba a apagarlo; y el viento, tras pasar el día agitando rastrojos y arbustos desnudos que muerto anticipándose al invierno, ahora se cernía sobre lugares bajos de la tierra..."

Los pobres son inasibles en términos colectivos. No sólo son la mayoría en el planeta; están en todas partes y hasta el hecho más insignificante habla de ellos. Por eso la principal actividad de los ricos es actualmente la construcción de muros –de hormigón, de vigilancia electrónica, de misiles, campos minados, controles fronterizos y pantallas mediáticas opacas.

3

La vida de los pobres es en su mayor parte aflicciones, interrumpida por momentos de iluminación. Cada vida tiene su propia propensión a la iluminación y no hay dos iguales. (El conformismo es un hábito que cultivan los ricos) Los momentos iluminados llegan por vía de la ternura y el amor -¡El consuelo de que se nos reconozca, se nos necesite y abrace por ser lo que de pronto somos!- Otros momentos quedan iluminados por una intuición de que, a pesar de todo, el género humano sirve para algo.

"Nazar dime alguna cosa u otra, algo más importante que cualquier otra cosa"
Aidym bajó la mecha de la lámpara para usar menos parafina. Comprendía que, dado que en la vida había alguna cosa u otra que era más importante que cualquier otra cosa, era esencial cuidar todo bien que exitiera.
"No sé qué es lo que en verdad más importa, Aidym", dijo Chagataev. "No pensé en ello; nunca tuve tiempo. Pero si nosotros dos nacimos, entonces debe haber en nosotros algo que en verdad importa"
Aidym coincidió: "Algo que sí importa... y mucho que no."
Aidym preparó la comida. Sacó un pan chato de una bolsa, lo untó con grasa de oveja y lo partió a la mitad. Le dio a Chagataev la mitad grande y se quedó con la mitad pequeña. Masticaron su comida en silencio a la débil luz de la lámpara. En el Ust-Yurt y el desierto reinaba la calma, la incertidumbre y la oscuridad.
4

De tanto en tanto el desaliento entra en las vidas que son en su mayor parte aflicción. El desaliento es la emoción que sigue a un sentimiento de traición. Una esperanza contra toda esperanza (que todavía está lejos de una promesa) se derrumba o es derrumbada; el desaliento llena en el alma el espacio que ocupaba esa esperanza. El desaliento no tiene ninguna relación con el nihilismo.

El nihilismo, en su sentido contemporáneo, es la negativa a creer cualquier escala de prioridades que exceda la búsqueda de ganancia, que se considera el fin de toda actividad social, de modo que, efectivamente, todo tenga su precio. El nihilismo es la resignación ante el punto de vista de que el precio lo es todo. Es la forma más común de cobardía humana.

"Empezó a compadecerse de su cuerpo y sus huesos; su madre alguna vez los había reunido para él en la pobreza de su carne -no producto del amor y la pasión, no por placer, sino por la necesidad más cotidiana. Se sentía como si perteneciera a otros, como si fuera la última posesión de aquéllos que no tienen posesiones, como si se lo fuera a dilapidar sin nigún fin, y lo embargó la furia más grande, más vital de su vida."

(Una palabra de explicación sobre estas citas. Son de los relatos del gran escritor ruso Andrei Platonov (1899-1951). Escribía sobre la pobreza que hubo durante la Guerra Civil y más tarde, durante la colectivización forzosa de la agricultura soviética a principios de la década de 1930. Lo que diferenció a esta pobreza de pobrezas más antiguas fue el hecho de que su desolación contenía esperanzas frustradas. Cayó la tierra exhausta, se puso en pie, tambaleó, avanzó entre fragmentos de promesas traicionadas y palabras rotas. Platonov solía usar el término dushevny bednyak, que significa literalmente almas pobres. Se refiere a aquéllos a quienes se les había arrebatado todo, de modo que el vacío en su interior era inmenso y en esa inmensidad sólo quedaba su alma, vale dceir, su capacidad de sentir y sufrir. Sus historias no incrementan la aflicción que se vive; rescatan algo. "De nuestra fealdad crecerá el corazón del mundo", escribió a principios de la década de 1920.

El mundo sufre hoy otra forma de pobreza moderna. No hace falta citar las cifras: son muy conocidas, y volver a repetirlas solamente levanta otro muro de estadísticas. Más de la mitad de la población del mundo vive con menos de dos dólares por día. Las culturas locales y sus remedios parciales -tanto físicos como espirituales- para algunas de las aflicciones de la vida son destruidos o atacados de forma sistemática. Las nuevas tecnologías y los medios de comunicación, la economía de libre mercado, la abundancia de productos, la democracia parlamentaria no cumplen, en lo que concierne a los pobres, ninguna de sus promesas, excepto la de proveer ciertos bienes de consumo baratos que los pobres pueden comprar cuando roban. Platanov comprendió la pobreza moderna con más profundidad que cualquier otro narrador que yo conozca.)

5

El secreto de la narración entre los pobres es la convicción de que los relatos se narran para que se los escuche en otro lado, donde alguien, o tal vez una legión de personas, sepa mejor que el narrador o los protagonistas del relato cuál es el sentido de la vida. Los poderosos no pueden narrar historias: los alardes son lo opuesto a las historias, y cualquier historia, por más inocua que sea, tiene que ser temeratia y los poderosos hoy, viven nerviosos. 

Una historia remite la vida a un juez distinto y más definitivo que está muy lejos. Tal vez el juez esté ubicado en el futuro, o en el pasado que sigue atento, o tal vez en algún lugar lejano, donde la suerte haya cambiado (los pobres a menudo tienen que referirse a la buena o a la mala suerte) y los últimos se hayan convertido en los primeros.

El tiempo narrado (el tiempo de la historia) no es lineal. Los vivos y los muertos se encuentran como oyentes y jueces en ese tiempo, y cuanto mayor sea el número de oyentes cuya presencia se sienta, más íntima se hará la historia para cada oyente. Los relatos son una forma de compartir la creencia de que la injusticia es inminente. Y niños, mujeres y hombres lucharán en un momento dado con asombrosa ferocidad por esa creencia. Es por eso que los tiranos le tienen miedo a la narración: de algún modo, todos los relatos se refieren a la historia de la caída.

"Dondequiera que fuera, no tenía más que prometer que contaría una historia para que la gente lo hospedara esa noche: una historia es más fuerte que un zar. Apenas un detalle: si empezaba a contar historias antes de la cena, nadie sentía hambre nunca y él no conseguía nada para comer. Por eso el viejo soldado siempre pedía antes un plato de sopa."

6

Las peores crueldades de la vida son sus terribles injusticias. Casi todas las promesas se rompen. La aceptación de la adversidad por parte de los pobres no es pasiva ni resignada. Es una aceptación que mira detrás de la adversidad y descubre algo que no tiene nombre. No es una promesa, ya qye (casi) todas las promesas se rompieron; más bien algo así como un corchete, un paréntesis en lo que de otra manera sería el implacable fluir de la historia. Y la suma total de esos paréntesis es la eternidad.

Esto puede plantearse de la forma inversa: en esta tierra no hay felicidad sin anhelo de justicia.

La felicidad no es algo a buscar; es algo que se halla, un encuentro. La mayor parte de los encuentros, sin embargo, tiene una consecuencia. El encuentro con la felicidad no tiene consecuencia. Está todo ahí, de manera instantánea. La felicidad es lo que atraviesa el dolor.

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"Creíamos que no quedaba nada en el mundo, que todo había desaparecido mucho antes. Y si nosotros éramos los únicos que quedábamos, ¿qué sentido tenía vivir?
"Quisimos compartirlo" dijo Allah. "¿Había alguna otra persona en algún lugar?" Queríamos saber.
Chagataev los entendió y preguntó si eso significaba que ya estaban convencidos acerca de la vida y que no volverían a morir.
"Morir no tiene sentido" dijo Cherkezov. "En cuanto a morir una vez, podría pensarse que es algo necesario y útil. Pero morir una vez no ayuda a comprender la propia felicidad -y nadie tioene la oportunidad de morir dos veces. De modo que morir no lleva a ninguna parte".
7

"Mientras los ricos tomaban té y comían carnero, los pobres esperaban el calor y que las plantas crecieran".

La diferencia entre las estaciones, así como la diferencia entre la noche y el día, el sol y la lluvia, es vital. El transcurso del tiempo es turbulento. La turbulencia hace más cortas las vidas, tanto en los hechos como subjetivamente. La duración es breve. Nada perdura. Esto es tanto una plegaria como un lamento.

"(La madre) se lamentaba de haber muerto y obligado a sus hijos a llorarla. Si hubiera podido, habría seguido viviendo para siempre para que nadie sufirera por su causa ni malgastara por su causa el corazón y el cuerpo que ella había dado a luz... pero la madre no había podido soportar la vida durante mucho tiempo"

La muerte sobreviene cuando a la vida no le quedan restos que defender.

8

"... era como si estuviera sola en el mundo, libre de felicidad y tristeza, y quisiera bailar un poco, de inmediato, escuchar música, estrechar las manos de otra gente..."

Están habituados a vivir en estrecha proximidad unos con otros, y eso crea su propio sentido espacial; el espacio no es tanto un vacío, sino un intercambio. Cuando las personas viven una sobre otras, todo acto de una tiene repercusiones sobre las demás. Repercusiones físicas inmediatas. Todo niño aprende eso.

Hay una incesante negociación espacial que puede ser amable o cruel, conciliadora o dominante, espontánea o calculada, pero reconoce que un intercambio no es algo abstracto sino una adaptación física. Sus elaborados lenguajes mímicos de gestos y manos son expresión de esa participación física. Fuera de los muros, la colaboración es tan natural como la pelea: los enfrentamientos son comunes, y la intriga, que depende de una toma de distancia, es rara. La palabra privado resuena de manera completamente diferentes  a ambos lados del muro. De un lado indica propiedad; del otro, una admisión de la necesidad temporaria de alguien de que se lo deje, como si estuviera solo, durante cierto tiempo. Todo lugar dentro de los muros es alquilable, cada metro cuadrado cuenta; cada lugar del exterior corre el riesgo de convertirse en ruina, y cada rincón de refugio cuenta.

El espacio de elecciones también es limitado. Eligen tanto como los ricos, tal vez más, ya que cada elección es más dramática. No hay gama de colores que ofrezcan optar entre ciento setenta matices diferentes. La opción es entre esto o aquello. A menudo se hace con vehemencia, ya que supone el rechazo de lo que no se eligió. Cada elección se acerca mucho a un sacrificio. Y la suma de las elecciones es el destino de una persona.

9

No hay desarrollo (la palabra tiene una D mayúscula como artículo de fe del otro lado de los muros) ni seguridad. No existe un futuro abierto ni un futuro asegurado. No se espera el futuro. Sin embargo, hay una continuidad; las generaciones están vinculadas. De ahí el respeto por la edad, dado que los ancianos son una prueba de esa continuidad -o hasta una demostración de que alguna vez, hace mucho, existió un futuro. Los niños son el futuro. El futuro es la incesante lucha por conseguir tener suficiente para comer y la ocasional oportunidad de aprender mediante la educación lo que los padres nunca aprendieron.

"Cuando terminaron de hablar se abrazaron. Querían ser felices de inmediato, ya, antes que los resultados de felicidad personal y general producto de su futuro y su celoso trabajo. El corazón no tolera demoras, se enferma, como si no creyera en nada."

El don del futuro es aquí el deseo. El futuro induce el movimiento del deseo hacia sí mismo. Los jóvenes son más descaradamente jóvenes que del otro lado del muro. El don aparece como un don de la naturaleza en toda su urgencia y suprema seguridad. Las leyes comunitarias y religiosas siguen aplicándose. De hecho, en medio del caos que es más aparente que real, esas leyes se hacen reales. Pero el deseo silencioso de procreación es incontestable y arrollador. Es el mismo deseo que busca afanosamente comida para los niños y luego, tarde o temprano (más bien temprano busca de nuevo el consuelo del sexo.

Las multitudes tienen respuestas a preguntas que todavía no se formularon, y tienen la capacidad de sobrevivir a los muros.

Las preguntas aún no se formularon porque hacerlo exige palabras y conceptos que suenen verdaderos, y los que se usan actualmente para nombrar hechos perdieron todo sentido; Democracia, Libertad, Productividad, etcétera.

Con nuevo conceptos, las preguntas se formularán pronto, ya que la historia supone precisamente ese proceso de interrogación. ¿Pronto? En el curso de una generación.

Mientras tanto, las respuestas abundan en la múltiple ingeniosidad de las multitudes para arreglárselas, su rechazo a las fronteras, su búsqueda de hoyos en los muros, su adoración por lo niños, su disposición a convertirse en mártires cuando es necesario, su creencia en la continuidad, su recurrente admisión de que los dones de la vida son pequeños y preciosos.

Esta noche siga con el dedo la línea del cabello de ella (él) antes de dormir.
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