viernes, 5 de octubre de 2012

ENTREVISTA

MARIO CAPASO
Escritor

Por Helios Buira

HELIOS BUIRA: -Mario. Ya has sido publicado en Arte y Letras, a través de tus cuentos. Nos agradaría saber algo más de vos, cosa que podrías contarle a los lectores de la revista, como ser tu lugar de residencia, y dónde tu nacimiento, cuánto hace de este acontecimiento.

MARIO CAPASSO: - Bárbaro, Helios, entonces arranquemos nomás con la entrevista y vemos qué pasa. Puedo afirmar sin ninguna turbulencia que no he dado demasiadas vueltas por el mundo, que no sé si será ancho y ajeno pero sí puedo decir con todas las letras que me resulta mayoritariamente desconocido. Vivo en el mismo barrio en que nací el 9 de marzo de 1.953. Villa Martelli es mi lugar. Está ubicado en la zona norte del Gran Buenos Aires, en el partido de Vicente López. Por uno de sus lados limita con la Capital Federal y está próximo a cumplir sus primeros cien años de existencia. Si los cálculos no me fallan, más de la mitad de ese tiempo lo ha transcurrido conmigo adentro, o entrando y saliendo, según las necesidades o los gustos en cada ocasión.   

HB: -¿Cómo fue tu inicio de escritor?

MC: - Esta pregunta me remite al tema del tiempo, una cuestión que me interesa y me intriga. Por ejemplo, me intriga saber cómo y cuándo habrá sido ese inicio como escritor al que hacés referencia. Más que nada para no complicar la cuestión y enredarme en un laberinto del que no sé si podré salir antes del fin de la charla, te digo lo siguiente. En el año 1.997, impulsado tal vez por mi berretín de lector, me animé a anotar en algunas hojitas de papel algunos relatos que leyeron unas pocas personas. Estas buenas gentes estimularon mi vanidad todavía no muy extendida. Dijeron que la cosa no estaba tan mal y que quizá podía mejorarse si aprendía. Así que en octubre de ese año crucé por primera vez una puerta que para mí fue muy importante, la del taller literario de Beatriz Isoldi. Al poco tiempo, en diciembre más precisamente, vi por primera vez publicado un cuento que había escrito poco antes. En ese primer taller, que físicamente estaba ubicado en la zona del Botánico, me fui familiarizando con las técnicas propias de la narrativa y conocí a excelentes personas, todas por cierto muy sensibles y talentosas. Fue en verdad una muy buena experiencia.

HB: -Tus maestros o a quiénes reconocés como tus guías, los que señalan el camino.

MC: - Franz Kafka posiblemente ocupe el primer lugar. Sucedió que con cada lectura, sus relatos me iban diciendo cosas diferentes, se abrían y abrían nuevas posibilidades, mostraban sentidos diferentes, me hacían vislumbrar que había otras posibles interpretaciones por ahí, algo ocultas todavía, que me estaban aguardando entre esas palabras en apariencia inocentes, sin culpa alguna, como el protagonista de “El proceso”. Tal vez en esa época de mi adolescencia fui descubriendo que lo literario en cierta forma funciona así, mostrándose un poco, manteniendo en una oscuridad llena de interrogantes el resto. Creo que esa oscuridad, esa posibilidad de no poder verlo todo, nos lleva a vivir la experiencia de la lectura como un riesgo y un placer que va renovándose constantemente a sí mismo.  

Algo parecido me sucedió con las lecturas de Edgar Alan Poe y con “Viaje al fin de la noche”, de Céline. “El lobo estepario”, de Hermann Hesse es otra obra que me parece puedo mencionar como significativa en mi itinerario.

Y Boris Vian, por favor, un genio incomparable, un tipo que en su corta vida se jugó a fondo en diversas actividades relacionadas con el arte. Qué más puedo decir de él, lo mejor es predisponerse a la sorpresa constante y a explorar su imaginación que no conoció de límite alguno. Leerlo.

Y entre los nuestros, desde ya, imposible soslayar o dejar de lado la influencia que han ejercido Borges, Arlt,  Cortázar.

HB: -Luego, entonces, ¿quiénes son los preferidos, los que lees con mayor interés?

MC: - Juan José Saer, por ejemplo. Para mí es un escritor fundamental. Su última novela, “La grande”, que lamentablemente quedó inconclusa, es a mi entender un legado que cierra un ciclo importantísimo para nuestra lengua. El hombre vivió gran parte de su vida en Francia y el escritor siguió dando vueltas alrededor de Serodino, su pueblo natal, en Santa Fe. Maravilloso, ¿no?

Admiro mucho a otro autor que desde el interior de nuestro país ha dado obras que se abren al mundo. Me refiero a Héctor Tizón. “Luz de las crueles provincias”, un título entre tantos otros. El paisaje y la memoria, dos pilares de su literatura.

Ya por fortuna, mucho más cerca lo tenemos a Abelardo Castillo, nada menos. Algunos de sus escritos me parecen estremecedores, me han hecho vibrar con su belleza a veces tan áspera y siempre poderosa. Si no adentramos en su novela “El que tiene sed”, no podremos evitar el vivir en carne propia las circunstancias por las que atraviesa el protagonista.   

HB: -Y tus pares generacionales. ¿A quién o a quiénes destacás?

MC: - Federico Jeanmaire me parece un gran escritor. Por suerte tuve la oportunidad de asistir a su taller literario y eso me permitió, además, conocerlo como persona. Un ser humano excepcional, cálido en el trato y generoso con sus conocimientos. Ha ganado en los últimos tiempos premios importantes, que hacen justicia a su talento.

La novela “El pasado”, de Alan Pauls, es sin dudas un gran libro y considero a su autor un intelectual realmente brillante.

Guillermo Martínez goza de un prestigio a mi entender muy bien sustentado en su obra, tanto narrativa como ensayística.

Tenemos también escritoras de fuste. Shúa, Gambaro, Iparraguirre, Gorodischer, la lista sigue, por supuesto. Hace pocos meses, una gran amiga, Vanesa Guerra, obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes, con un libro de cuentos próximo a editarse y al que desde ya recomiendo con fervor.

En fin, creo que en nuestro país hay muchos escritores y escritoras para destacar y a ellos me acerco con todas las ganas, ya que compartimos, además de un territorio, una manera de ser tal vez un tanto indefinible, un uso del lenguaje que nos caracteriza y representa, alguna que otra esperanza.

HB: -¿Cuál es el compromiso del escritor?

MC: - En mi opinión, ya el hecho de manifestarse a través de la escritura implica un compromiso con los otros, con los lectores en este caso. Cada uno a su manera, con su estilo particular, muestra cómo ve lo que lo rodea o lo que intuye que lo rodea, y también sus posibles causas y efectos, y eso a mi entender ya supone una importante toma de posición aunque se trate de narrar ficciones, o quizá con mayor razón al tratarse de ficciones. Digo esto porque no creo que, en ningún orden de la vida, haya una verdad absoluta a la que uno pueda atenerse sin ponerla en discusión. Y entonces la literatura de ficción, cuando realmente tiene valor, por su ambigüedad y por la incertidumbre que crea en el lector, no nos da una solución sino que nos pone frente a nosotros mismos y nos lleva a plantearnos algunos de los interrogantes fundamentales. Así, por ese camino hecho de palabras, nos vamos arrimando a una más completa visión del mundo y sus disparates.

También está o debería estar presente, me parece, el compromiso con uno mismo. Diría que uno debe poner en esta tarea lo mejor que tiene, con el mayor trabajo posible, brindándose por entero para lograr aproximarse lo más posible a aquello que intenta representar con sus escritos. Que la intensidad se refleje en cada frase, que la tensión se cuele en los espacios entre las palabras y la pasión se demuestre y quede expuesta en las páginas. Ya el lector propondrá su intensidad, su tensión y su pasión, y el ciclo se irá cerrando o se volverá a abrir, para recomenzar.

HB: -¿Te ubicás dentro de alguna corriente literaria?

MC:- A ver si ubicamos algún lector por acá cerca, que levante la mano y quiera contestar por mí. Sería lo mejor, ¿no? Mirá, Helios, para esquivar un poco tu pregunta, me animaría a decir que en la novela El edificio predomina el humor absurdo, por momentos algo ácido, de a ratos más bien tirando a negro, con un intento de trabajar el lenguaje de los argentinos casi te diría que tironeando de él.

Ahora, en los cuentos, hablando en general, la intención es mostrar cierta realidad no evidente en una primera instancia, aquello que presentimos pero se nos escapa. En ambientes o situaciones cotidianas, procuro que las historias generen cierto deslizamiento hacia alguna otra zona que, en lo posible, tenga el piso bien resbaladizo y un techo incierto, todo esto rodeado por unas paredes de las que mejor no saber muy bien si están o no están.

HB: -Contenido y forma, dicen algunos. ¿Cómo es el inicio de tus cuentos, de dónde la concepción?

MC: - Tal vez resulte más claro responder a esta cuestión con un par de ejemplos.

No recuerdo en qué estaba pensando cuando de repente se me ocurrió y creo que hasta murmuré una frase. Enseguida percibí que, a partir de esa frase, se me abría todo un universo posible, iba mucho más allá de los límites de un cuento y sentí, también, que con esas palabras, llegadas vaya uno a saber de dónde, había incorporado el tono y el estilo del texto todavía apenas intuido. Así fue el inicio de la posibilidad de ponerme a escribir una novela como “El edificio”.

En otra oportunidad, posterior a la que acabo de comentar, comenzó a sucederme lo siguiente. Yo más o menos sabía que la historia que quería escribir se desarrollaba en la calle, en una cuadra de una calle cualquiera, y además sabía que los hechos callejeros repercutían de alguna forma entre los vecinos del lugar. Hasta ahí todo fenómeno, pero, ¿qué pasaba en la calle? No tenía respuesta para esta pregunta, y no la tuve hasta que leyendo un libro de una compañera del taller literario que coordinaba Jeanmaire, Ángeles Durini, me tope con la palabra “empedrado”. Esa palabra me reveló finalmente lo que pasaba en la cuadra. Allí unos hombres ponían una piedra tras otra y otro hombre, en una terraza, provisto de un arma, los observa. Entonces, para resumir, a partir de este hallazgo escribí el cuento “Piedras abajo”.

HB: -¿Está por publicar algún libro en estos momentos?

MC: - No, Helios, por ahora no tengo esa perspectiva a la vista. Tengo cosas escritas que permanecen inéditas, un volumen de cuentos, un par de novelas breves, alguna novela un poco más extensa, pero ya te digo, por el momento no pensé en publicar nada y tampoco se ha presentado alguna editorial a pedirme por favor estos escritos a cambio de unos cheques al que yo les pondría la cifra. En caso de una demanda de material urgente, no sé, supongo que lo pensaría unos diez o doce minutos y contestaría que cómo no, que encantado de la vida, que dónde hay que firmar.

HB: -¿Cuántos libros llevás publicados y si por alguno tenés preferencia?

MC: - No tengo que hacer demasiadas cuentas para contestar, tres libros publicados.

El primero, un volumen de cuentos. “El futuro es un tropel absurdo”. En el año 1.999. A cargo de una editorial que prefiero omitir.

En el año 2.002, en un gran trabajo de Ediciones AQL, de mi amigo Luis García, apareció “El edificio, Una novela en escombros”. Ya algo comenté de este libro, del que me han dicho hace poco que armé una historia donde no hay historia alguna. 

Ya en el 2.005, a raíz de obtener el segundo premio en su género en el certamen anual que realiza el Fondo Nacional de las Artes, publiqué “Piedras heridas”, otro volumen de cuentos publicados en este caso por Ediciones Corregidor.

Tal vez el primer libro me merezca algunas discusiones internas respecto a algunos textos, pero cada uno de estos tres títulos son ya parte de mi historia, así, con sus virtudes y defectos. No puede ser de otra manera, me parece.

HB: -¿Algún horario en particular para escribir?

MC: - Sí. La mañana, bien temprano, cuando todavía el mundo no se metió conmigo y todo alrededor es silencio y yo creo tener las neuronas en funcionamiento, o más o menos en condiciones de no pelearse entre ellas. Aunque, ahora que lo pienso, tal vez ellas se pelean mientras escribo frente a la computadora, rodeado de libros, acompañado por unos lindos mates que preparo y cebo yo mismo. Casi todos los días me concentro o simulo concentrarme, dos o tres horas, a veces más, antes de salir a trabajar, en el caso de los días laborales, claro. 

Durante los fines de semana y los feriados, también suelo madrugar y después, durante el día, alterno la escritura con otras actividades.

HB: -Si algo te distrae en el momento de escribir: ¿cómo es tu reacción?

MC: - Mirá, creo ser portador de lo que se suele llamar un carácter comprensivo,  no sé si es una virtud o un defecto pero es así, o así estimo ser. Entonces, cuando escribo y algo distrae mi atención y me doy cuenta, aseguro a mis semejantes que no pasa nada del estilo alzar la voz en tono de reproche, o revolear y a continuación romper alguna cosa más o menos ruidosa, o mirar mal hacia el lado de la causa de la distracción. No pasa nada de eso, simplemente puede ocurrir que me levante un rato a estirar las piernas o a calentar el agua para el mate o a espiar por la ventana y ver cómo se presenta el clima para esa jornada que empezó tan mal.

HB: -Poesía, cuentos, novelas. ¿Hay algo de todo esto en tu devenir como autor?

MC: - Sí, en efecto, qué le vamos a hacer. Algo de estas cuestiones hay en mi devenir como autor, para usar tus palabras, Helios, que al fin y al cabo también están para eso, ¿no te parece? Me llevo mejor con la narrativa, al menos eso creo. Desconozco la opinión de la narrativa, esa señorita en ocasiones tan enigmática y fantástica. Apenas tengo escritos algunos poquísimos poemas o cosa parecida. Claro que algunas personas los han elogiado más que a los relatos y entonces toda mi estructura personal es puesta a prueba, así como mi creencia literaria. 

HB: -El cuento y la novela, de alguna manera se relacionan en cuanto prosa. ¿Qué opinión te merece la poesía, considerada por muchos como el momento más elevado de la creación literaria? 

MC: - Hay excelentes poetas que han creado una poesía digna de considerar como vos lo exponés en tu pregunta. El hecho de trabajar en el lenguaje con un mínimo de palabras le otorga tal vez ese prestigio. Suelo recorrer los versos de mucha gente amiga, poetas que me merecen gran admiración y respeto por su trabajo. Pero a la prosa no la noto en desventaja en cuanto a sus posibilidades de experimentación y de crear misterio e inquietud en el ánimo del lector. Cualquier historia bien contada puede orientarnos hacia varios sentidos posibles y eso está muy bueno, me parece. Hay una poética que puede expresarse a través de las narraciones y yo, como lector, siempre disfruté de ella.

HB: -¿Querés decirle algo más a los lectores de Arte y Letras? Mientras, te agradezco hondamente que hayas participado de este Encuentro.

MC: - Quisiera ya mismo darles un abrazo que nos una. Supongo que si andan navegando en esta página es porque somos compañeros de ruta, algo así como amigos que se necesitan para ayudarse a buscar algo que muy bien no sabemos de qué se trata. Por eso, mejor así, por las dudas, todos en el camino, con un abrazo y una música en común.

Gracias por todo.
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