viernes, 6 de junio de 2014

MIRTA NAROSKY

En la revista Cultura? publicaron la siguiente nota, de la cual es autora.
Mirta Narosky es Artista, Licenciada y Profesora en Artes Plásticas.
Ella dice:

Cultura?
Tengo como hábito, tal vez debido a mi quehacer artístico, reflexionar acerca de la sociedad en que vivimos.
El artista plástico debe correrse de su circunstancia u objeto a representar, para pintarlo. Si bien su lectura está teñida de subjetividad; los años de entrenamiento, ese viaje constante hacia el distanciamiento de lo que se dirá en la superficie, el “inside” necesario, va acercándonos cada vez más a la esencia del “qué” y a catalizar el inconsciente colectivo para plasmarlo. De lo contrario ¿cómo podríamos explicar la emoción que sigue produciendo un Rembrandt, un Goya, un Van Gogh o un Bacon, quienes han vivido en otros tiempos y circunstancias? O cuando exponemos en otras tierras de cultura diferente ¿cómo entender la conexión emocional de aquellos habitantes con nuestra obra? Sólo puedo inferir que acontece por el carácter universal y atemporal del Arte.
El diccionario define Cultura como: “Conjunto de estructuras sociales, religiosas, etc. y de manifestaciones intelectuales, artísticas, etc., que caracterizan a una sociedad”. La misma enuncia los ítems sin juicio de valor.
Ahora bien, vulgarmente catalogamos de “culto” a un individuo o sociedad dotados de inteligencia y erudición. Desde ese punto de vista es inevitable cuestionarme sobre valores éticos, intrínsecamente asociados a la cultura.
Según mi visión, el Hombre sigue cometiendo los mismos errores. Si bien las creencias han legado los más bellos aportes artísticos (arquitectura, pintura, música, escultura, literatura, etc.) a la humanidad, así también las diferencias religiosas e ideológicas han destruido centenares de ellos. Así como las identidades étnicas y culturales aportaron pintoresquismo (indumentaria, ritos, etc.), también agudizaron el más deplorable de los prejuicios y consecuente violencia. El intelecto ofreció a la humanidad grandiosos descubrimientos, pero también nefastos instrumentos de aniquilamiento.
Respecto al Arte, nos ha regalado metáforas trascendentes y también el vacío más profundo. En ésta época sostenida por la frivolidad, el consumo, el marketing, el materialismo despiadado, donde cotiza más el rédito económico que la vida misma ¿qué puede esperarse del Arte el establishment?
Los verdaderos artistas continuamos luchando por dejar un legado genuino, metafórico, de oficio… El sistema nos expele, hambrea a muchos; quita visibilidad a quienes no se ajustan a su juego. Podría decirse que la carencia de “valores” ¿justifica esa vacua producción? Yo no lo creo. Puede darse testimonio de la “mediocridad sin mediocridad”. Una bella y sublime metáfora, conociendo el lenguaje a fondo, produce en el espectador dolor, alegría, repulsión, etc. Sin necesidad de colocar en la exposición un animal sangrando, una persona sonriendo en vivo o un conglomerado de tripas.
Cerraré este artículo, el cual ha dejado cabos sueltos, para ir desarrollando en las próximas entregas, diciendo que: “En el Arte, como en la sociedad humana, debemos aspirar a desarrollar la parte más sublime y excelsa de la especie y a respetar y valorar las identidades, ya que son éstas las que obsequian al mundo el magnífico e infinito abanico de posibilidades”.

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