jueves, 11 de abril de 2013

LA INFANCIA EN EL MUNDO ACTUAL

Los niños salvajes

Un niño siempre es un extranjero para los padres que lo reciben –advierte el autor de esta nota–, pero a muchos niños hoy se les atribuye no ya la figura del extranjero, sino la del extraterrestre o la del salvaje, y “en éstas, el carácter inquietante de la extranjeridad infantil se desliza hasta convertirse en una extrañeza imposible de reconocer o metaforizar”.

Tomado del diario Página 12 del día de la fecha
Por Leandro de Lajonquière *

Cierta vez, en 2003, durante un seminario que dicté en la Universidad de Brasilia, alguien comentó que le había preguntado a un niño: “¿Qué es la infancia?”. El niño, de unos diez años, respondió: “La infancia es eso de lo que hablan los adultos cuando recuerdan que fueron niños”. En 2004, en un curso de posgrado en la Universidad Nacional del Comahue, comenté aquella pregunta, y una alumna se la formuló a su hija, de ocho años, que le contestó: “Esa no es una pregunta que se le haga a un niño”. En estas respuestas, los niños niegan poseer aquello que, según suponen los adultos, tienen: el saber sobre la infancia. Los niños señalan que, al contrario de lo que se imagina, los adultos son los que poseen ese saber. El primer niño afirmó que el adulto es el que hace existir a la infancia en su habla y, por lo tanto, posee un saber acerca de ella; la infancia es del orden de un relato adulto. La segunda niña califica la pregunta como inadecuada para los menores, implicando que única y exclusivamente debería ser hecha a los adultos. La pregunta adulta, en cambio, presupone la existencia de un nexo connatural entre “ser niño” y la infancia.

Se ha tornado un hábito intelectual hacer referencia a la infancia como invención social, en relación con la polémica abierta por el ya clásico trabajo de Philippe Ariès sobre el surgimiento del “sentimiento de infancia”. (L’enfant et la vie familiale sous l’Ancien Régime; 1973). Si la infancia es una invención social, con fecha de aparición más o menos precisa, se entiende que entre los niños y la infancia no haya una relación natural y dada para siempre. Otras investigaciones han recordado esa falta de connaturalidad, pero no para señalar la “invención” de la infancia sino, por el contrario, su posible desaparición. Es lo que sentencia, por ejemplo, el norteamericano Neil Postman, (The disappearance of childhood; 1982), refiriéndolo a la utilización masiva de medios electrónicos de comunicación como el telégrafo, primero, y la televisión, tiempo después, que habrían desplazado el lugar de la escritura y sus secretos en nuestras vidas. Son numerosas las tesis acerca del origen y de los factores responsables, tanto por el surgimiento como por la desaparición del sentimiento de infancia o directamente de la infancia, a veces calificada como moderna, a veces como simple infancia.

Si vuelvo a recordar ese debate histórico y sociológico –que da cuenta de la historicidad de las formas subjetivas– es para señalar la falta de connaturalidad entre lo que se entiende por infancia –sea ésta lo que fuere– y, por otro lado, los niños. Más aún, lo hago con el fin de considerar que esto enmascara el hecho de que ningún niño posee una infancia pues, paradójicamente, sólo un adulto “puede” tener una infancia, en tanto que infancia perdida.

La infancia no es un mal necesario, ni una condición próxima a lo animal, ni un simple pecado, ni menos aún una fuente de errores, como sostiene la tradición inaugurada por Platón, recuperada por San Agustín y remozada por Descartes. Tampoco es un precipitado de sinceridades o de bondades naturales. No se trata de invertir una vez más el platonismo, en la senda que ya había abierto Jean-Jacques Rousseau. Se trata de pensar la infancia más allá del registro habitual de edad natural de la vida o de humanidad preformada, pasible de padecer representaciones sociales diversas, según la época y la geografía, ya sea para ser preservada, ya sea para superarla.

El psicoanálisis subvierte, y tal vez sólo él lo permita, el paradigma inherente a las clásicas psicologías del desarrollo, que reducen el devenir infantil al progreso más o menos ineluctable de un saber natural.

La materia prima para la producción de la infancia es el infans: cría privada de habla, humanamente indeterminada a la vez que imposibilitada de ser animal. En suma, infans es el nombre de una indeterminación biológica muda.

El hecho de que no hemos sido siempre hablantes, de que hemos atravesado la condición de infans, hace de la infancia una experiencia singular, propia de la cría sapiens y ajena a las máquinas y a los animales. La cría sapiens es lanzada al lenguaje, pero aun así tiene que ser capturada por él, tiene que ser sujetada. Cierto que la captura no es total, y eso en dos sentidos. Por un lado, el lenguaje es capaz de armar circuitos neuronales, pero no trasmuta la naturaleza orgánica de la célula en la “materialidad sutil” del lenguaje –al decir de Lacan–; por otro lado, se instala una diferencia en el seno del lenguaje, bajo la forma de quiasmo entre lengua y habla.

Sobre la indeterminación del infans, la educación instituye un tiempo de infancia como una especie de cuarentena más o menos prolongada, a veces en bloque, o según proporciones diversas, de acuerdo con la historia, la geografía, la clase social, etc. del mundo adulto del trabajo, de la política y del sexo.

La demanda educativa produce una infancia trifásica: 1) la infancia como tiempo de espera; 2) la infancia como un conjunto de operaciones lingüísticas o realidad psíquica; 3) lo real de la infancia o suplemento infantil que, escindiendo la realidad psíquica producida, abre el conjunto de operaciones a la sobredeterminación. Ese resto infantil no cesa de no inscribirse y, por lo tanto, relanza sobre sí mismo el proceso instituyente de una infancia singular en una historia.

La infancia no es una sustancia psíquica prelingüística. Es –para retomar la tesis de Giorgio Agamben en Infancia e historia– la propia experiencia de la trascendencia del lenguaje.

La infancia es objeto de inflexiones múltiples e históricas. El hecho de que tratemos todas las infancias producidas como si fuesen La Infancia en singular es prueba del carácter universal y natural soñado para la infancia moderna. Tal vez sea por eso que toda diferencia es considerada ya sea como invención de La Infancia, ya sea como su desaparición.

El extranjero

Un niño está en brazos de su madre y, aunque no sea el inicio absoluto de casi nada, pues la historia ya estaba en curso, allí se instala la posibilidad de una diferencia entre un antes y un después. Ahora, esa señora junto a un señor, también de turno, se enfrentan con el hecho de aceptar, o no, ser los padres de ese pequeño que llega al mundo siempre más o menos extranjero en relación con aquellos que lo habitan desde hace tiempo. Los bebés duermen de día, son más sociables por las noches, lloran por cosas que los grandes no entienden, hacen todo tipo de muecas, hablan una lengua que no parece fácil de entender, entre otras cosas medio raras para una vida adulta cotidiana y familiar.

Que un niño sea recibido en el seno familiar como si fuese un extranjero no es equivalente a que lo sea como si fuese un extraterrestre o un salvaje. Freud (“Lo siniestro”) afirmaba que la extranjeridad puede ser inquietante al implicar el inesperado retorno de algo que alguna vez fue familiar. La llegada del recién nacido a un mundo adulto, que ya se ha hecho familiar, se reviste de una inquietante extranjeridad, pues da cabida al retorno inesperado de la condición infantil, que supuestamente han superado los adultos de turno. El niño puede ser acogido como testimonio de la castración del mundo adulto –de la castración del Otro–, y de ese modo se abre la posibilidad de instalar un proceso de familiarización del recién llegado. Pero el nacimiento del niño puede, a contramano de la familiaridad, dar lugar a la figuras disjuntas de la extraterritorialidad y la salvajería. En éstas, el carácter inquietante de la extranjeridad infantil se desliza hasta convertirse en una extrañeza imposible de reconocer o metaforizar.

Entre el individuo considerado como un salvaje y aquel que se tiene por civilizado se busca mantener una buena distancia. Si se lo considera un buen-salvaje, entonces se querrá estudiarlo de manera minuciosa y científica para, de ese modo, conocer la exacta medida de la diferencia que hay entre ambos y, así, borrar el extraño misterio que anima a uno y angustia al otro. Recordemos la trampa pedagógica que constituyó la educación de Víctor de Aveyron (N. de la R.: niño que, tras vivir parte de su infancia desnudo en los bosques, fue capturado, en 1797, y exhibido; escapó poco después). Ahora bien, cuando se trata de un mal-salvaje, el civilizado intentará librarse de la temeraria extrañeza organizando una campaña de exterminio. Recordemos, entre otros, el exterminio de los indios en la Conquista del Desierto en la Argentina y en el oeste de los Estados Unidos, o de los sertanejos de Canudos en el Brasil.

En contrapartida, no queremos saber nada acerca del extraterrestre; sólo queremos mantenerlo a una distancia perfecta que, al mismo tiempo, nos permita adorarlo, soñarlo y huir de él en caso de que se le ocurra acercarse un poco más a nosotros. Recordemos la famosa serie norteamericana Los invasores, que se exhibió en la Argentina en la década de 1970. En suma, tanto el salvaje como el extraterrestre son tratados de un modo diferente que un extranjero, pues se supone –con mayor o menor simpatía, dependiendo de los humores– que éste tiene cosas de Otro Mundo para contarnos.

Los padres le hablan a su bebé con la expectativa de que aprehenda la lengua (materna) y, de ese modo, pueda contar sobre esas cosas de Otro Mundo, llegando así los tres a ser menos extranjeros entre sí y, por lo tanto, más familiares. Como ya he señalado, una madre supone que el pequeño recién llegado al mundo tiene su misma iniciativa comunicativa, así como su misma inteligencia para el diálogo; el padre de la criatura también comparte –por vía de la identificación– esa doble suposición. ¿Qué es lo que los padres esperan saber de la boca del niño? Como se suele decir, los niños, los borrachos y los locos siempre dicen la verdad. ¿Pero de qué verdad se trata? Porque no se trata de aquella que se transmite a través de enunciados científicos. Pues bien, los padres esperan que el niño diga aquello que a ellos los inquieta extranjeramente. Y lo que inquieta al adulto no es más que el hecho de haber sido alguna vez niño y, por lo tanto, no haber sido el niño de los sueños de sus propios padres, pues si lo hubiese sido, obviamente, el adulto no estaría allí para contar esa historia. Ese otro que no (se) fue es objeto de represión y de retorno y, así, se vuelve nuestro extraño-familiar. Es lo infantil que nos habita, para siempre.

Pequeño demonio

La tesis de que los niños de hoy son diferentes, más inteligentes, más rápidos que lo que fuimos nosotros en su momento, no es nueva. Es curioso constatar cómo, a lo largo de la historia, los viejos de turno siempre adjudicaron los mismos atributos a los pequeños recién llegados. No necesitamos ir muy lejos, pues basta con preguntarles a nuestros padres y abuelos para comprobar que cada uno de ellos le atribuyó lo mismo a la joven generación.

El pequeño-ser no puede menos que aparecer marcado por la diferencia. De un modo o de otro, siempre aparece diferente de cómo los viejos se ven a sí mismos. Un niño de hoy es tan diferente de nosotros como también lo fuimos nosotros –y lo seguimos siendo– de nuestros padres. La solidaridad moebiana entre lo extranjero y lo familiar se renueva una y otra vez, a no ser –por cierto– que cortemos la cinta.

Que hoy se insista tanto en la supuesta diferencia de los niños es algo llamativo. Esa insistencia los hace “tan, pero tan diferentes...” y de ese modo indica un deslizamiento en cómo el adulto le dirige la palabra a un niño. La “gran, pero tan gran diferencia” no hace del niño un extranjero en vías de familiarización, sino que hace de él un salvaje o un extraterrestre. Y, en efecto, no pocos adultos se valen de esos términos para referirse a los niños.

Si los niños nos parecen salvajes y extraterrestres, entonces hay algo que no está funcionando bien. Una diferencia sólo puede dar lugar a más de lo mismo, es decir, a otra diferencia que renueva la dialéctica extraño-familiar. Ahora bien, los pequeños detalles de la vida cotidiana actual en compañía de los niños no logran reciclar la diferencia, el resto infantil que la llegada de un ser pequeño reproduce y, de ese modo, la figura del extranjero dispuesto a transformarse en un familiar más acaba por ceder el lugar al salvaje o al extraterrestre.

Me parece que hoy no amamos ni odiamos a nuestros niños ni más ni menos que en otras épocas. Simplemente, ellos, como siempre, son objetos condensadores de amodio. Los odiamos porque dicen la verdad acerca de la falta de proporción sexual y de la transitoriedad de la existencia. Los amamos porque la vida en compañía de ellos también nos ofrece más de una coartada para insistir en que nada queremos saber acerca de esas verdades.

No obstante, si insistimos en declarar tanto nuestro amor es porque la amalgama amodio nos resulta intolerable. Cortando la cinta de Moebius, separamos uno de otro y así fabricamos una de las versiones de El-Niño objeto de (com)pasión.

El amor-puro da lugar al niño genérico, especie de buen-salvaje o de niño-muerto desprovisto de todo lo infantil, como aquel del que habla el tecnocientificismo psicopedagógico, siempre en riesgo de llegar a perder su inocencia. Ese mismo extremo de la pasión tiene en la pedofilia su versión no inhibida: el adulto actúa el deseo sexual e infantil que ha de ser reprimido y así manda al cuerno la diferencia entre las generaciones, la propia expresión de la interdicción del incesto.

Por su parte, el odio-puro insufla el oscuro reverso de la versión de El-Niño, dando lugar a las figuras del mal salvaje y del extraterrestre, cultivadas por elucubraciones pedagógicas y culturales de sesgo apocalíptico, condenadas de antemano a todo tipo de fracaso escolar, pero también lanzadas hasta el mismo exterminio.

Las figuras del niño salvaje y del niño de otro mundo, aun cuando no sean privativas de los tiempos contemporáneos, pueblan el imaginario actual. Constituyen el retorno en lo real de la extranjeridad y, por lo tanto, son indicio de una falla en la metáfora educativa que debería desplegar la diferencia entre las generaciones. No se trata de nuevas subjetividades infantiles o de nuevos niños que han de ser celebrados, si no combatidos. Se trata de figuras fuera del tiempo discursivo; tal vez, por eso mismo, esos niños quedan literalmente lanzados a la calle. Ni el salvaje ni el extraterrestre pueden llegar a tener una infancia en cuanto perdida; es decir, nunca llegan a ser viejos en una polis.

Pretender adaptar la educación a los niños “tan diferentes de hoy” es un mal presagio. No hay educación posible si el pequeño-ser está marcado a fuego por la salvajería o la extraterritorialidad. Por ello, si los niños quedan al margen, es porque simplemente los dejamos de lado cuando renunciamos al acto de educar. Los dejamos de lado para no saber nada de ellos, de eso “mismo” que nos hace extraños a nosotros mismos.

* Extractado de Figuras de lo infantil (Ed. Nueva Visión).
---------------------------------------------------

miércoles, 10 de abril de 2013

ENRIQUE MEDINA

Bioy Casares, en estos días

Tomado del diario Página 12 del día de la fecha.
Por Enrique Medina

Saca número en el banco y espera de pie, contra la pared. Como una chica joven lo ha visto moviéndose con dificultad y con la espalda encorvada, le hace señas para cederle el asiento. Bioy mentaliza (la mujer, siempre la mujer, tan imprescindible y necesaria) y sonríe con una simpatía imposible de impedir. La joven se suma al pelotón de los de a pie, y Bioy asume el asiento. Con disimulo, el escritor hace como que mira a su alrededor, pero es evidente que sólo radiografía a la joven, ese pelo, esa piel, ese cuerpo que ya nunca más. Aparte de lo baboso, el hombre también es inteligente, así que recupera su realidad observando el cambio de número con el timbre musical que lo anuncia. Coteja con el suyo, y verifica que falta un montón. Sabe que debería haberse quedado parado porque sentado corre el riesgo de dormirse, pero bueno, todo ha sido por la necesidad de comunicación, como quien dice. Y claro, se duerme. Lo despiertan. Es la misma chica que ya hizo su trámite y le avisa:

–No se duerma que puede perder el turno.

Y asimismo le recomienda a una señora, por favor, que le avise, por si en una de esas vuelve a dormirse. La chica sonríe, le desea suerte y se va. Avergonzado está Bioy. El la pensó como amante y ella lo ha confundido con un abuelo de plaza de barrio. Espera sin dormirse. Lo llaman. Se pone de pie con dificultad y traspasa los biombos hasta llegar a la caja:

–Vengo a hacer mi supervivencia y la de mi madre.

Y pasa los documentos por debajo del mínimo espacio que permite el vidrio. Esto le da tiempo a la cajera para pensar que la madre debe tener ya como doscientos años. Le hace la supervivencia a él. Bioy le dice que la madre tiene dos beneficios, y le pasa el papel en el que la autoridad policial hace constar que sí, efectivamente, la señora tal por cual aun sigue jodiendo en estas pampas. La cajera, mujer que no provoca ningún pensamiento eufórico, le dice:

–Acá figura un solo beneficio. Yo tengo que hacerle el que figura acá, solamente.

Bioy se desconcierta, pero logra argumentar que él, desde hace años, trae la supervivencia de su madre con un solo beneficio anotado porque a nadie se le ocurrió que fuera necesario poner los dos, ya que si una persona está viva para un beneficio, se supone que no puede estar muerta para el otro, y que en este mismo banco brasileño, mi banco, insiste, nunca me han dicho esto, y siempre me han hecho los dos beneficios con una sola supervivencia. Y remata algo enojado:

–No es difícil verificar que es la misma persona. ¡Está el DNI de ella en los dos beneficios!

–Perdóneme, abuelo, pero yo le hago el que figura acá. Para el otro vuelva a la comisaría y pídalo allá. Y que sea rápido porque sólo le quedan dos días para el vencimiento de la supervivencia. Mire que si no va a tener que ir nuevamente a la calle Córdoba y volver a hacer los trámites, y eso es engorroso.

Bioy escucha la palabra engorroso y se quiere morir. Engorroso. ¡Un quilombo es volver a aquel infierno! Otra que engorroso, esta mina se cree que porque uno es escritor tiene que ser boludo. Como sabe la joda que lo espera, reclama, suplica, ruega, exhorta en todos colores sin que la maldita se compadezca. El exige hablar con una autoridad. Viene el cajero de al lado y, sin que Bioy se dé cuenta, le hace un corte de manga exportándolo al carajo. Desalentado como quien se desangra sin remedio, Bioy se retira. Se acomoda en una mesa de la hamburguesería colindante al banco. Con ganas putea en los cinco idiomas que sabe. Ya descargado, desparrama los denigrados papeles en la mesa. Piensa que debió haber peleado más, haberse puesto firme. Bueno, ya está. En adelante pediré que me anoten los dos beneficios, de acuerdo. ¿Pero ahora? Si voy a la comisaría deberé esperar a que pasen a dejar la autorización, y en la espera se me vence el plazo y me jodo. Reconsidera. Toma aire, estudia los papeles y ve que él mismo puede agregar el número del beneficio faltante. Como su mano hace un tiempo que tomó la costumbre de temblar, con la izquierda aprieta el brazo derecho, e imita el trazo de los números agregando el faltante. Eso... Bien, no quedó mal... Exaltado va a otra sucursal del banco. Saca número. Le toca una cajera radiante que verifica los números de los dos beneficios y hace el trámite sin problemas. El, sin dejar de disfrutar la belleza de ella, recibe los comprobantes que por tres meses le permitirán a su madre recibir el pago de los dos beneficios. Muy amable, la cajera lo despide diciéndole que si sabía que Dios me lo iba a mandar hubiera traído Dormir al sol para que me la dedicara. Se queda helado Bioy; siente que, si afloja, el corazón le puede hacer una mala jugada; endereza la espalda y sonríe triunfador:

–¿Su nombre?

–Alejandra.

–Vaya... Es usted un personaje de Sabato. Le prometo que para la próxima le traeré un ejemplar dedicado... Gracias, Alejandra, ha sido usted muy gentil.

Como sabe que ella lo está mirando, se retira tratando de caminar derecho, enderezar lo más posible la espalda, aunque duela, y con alegría en los ojos ya comienza a ensayar dedicatorias.
-----------------------------------------------

martes, 9 de abril de 2013

XUL SOLAR

Hoy se cumple medio siglo de su muerte
Xul Solar, un artista para el que el mundo era un mensaje a descifrar
La publicación por primera vez de su libro Los San Signos, una serie de 64 visiones escritas en neocriollo a partir de la lectura del I Ching, es un acontecimiento editorial. Además, una exposición en el museo que lleva su nombre. 

Tomado del diario Tiempo Argentino del día de la fecha
Por Ivana Romero

Xul Solar
Pintor y músico" asentó en su libreta de enrolamiento en 1911, a punto de irse a Europa. "Muy estudioso de las bases de la cultura, y en especial del simbolismo y la religión, ayudado por su comprensión filosófica de la astrología" dijo de sí mismo 50 años después, poco antes de morir. La distancia entre las dos definiciones es la que se abre en una misma persona: el joven Alejandro Schulz Solari  y Xul Solar, un artista que a lo largo de su vida creó dos lenguas –el neocriollo y la panlengua–, un sistema musical para tocar el piano, un teatro de títeres para adultos y una forma nueva de jugar al ajedrez, entre otras invenciones donde la astrología y los saberes espirituales ocuparon un lugar de importancia, no siempre evidente. Su obra plástica es, quizás, la faceta más conocida. Pero también puede considerarse la punta del iceberg de un complejo acertijo que Xul dejó como legado. No se trata de un gesto de soberbia intelectual. Sucede, en todo caso, que la curiosidad por seguir investigando el mundo era en él lo suficientemente acuciante como para que dejara obras de pequeño formato en témpera o acuarela (no grandes cuadros en óleo imperecedero), papeles dispersos, cuadernos escritos en lenguas inventadas que modificaba constantemente
A 50 años de la muerte de Xul (nació en 1887 y murió el 9 de abril de 1963), se publica por primera vez su libro fundamental: Los San Signos, una serie de 64 visiones escritas en neocriollo a partir de la lectura e interpretación personal del I Ching. Los San Signos (Xul Solar y el I Ching) fue editado por El Hilo de Ariadna junto a la Fundación Pan Klub-Museo Xul Solar. 
Patricia Artundo es curadora de libros especiales y manuscritos de esa institución. Y también, una de las mayores estudiosas del país de las diversas facetas de Xul. Para comprender mejor la importancia de su obra, ella señala la importancia de los viajes del artista, que entre 1912 y 1924 estuvo en distintos lugares de Europa, como Londres, Francia, Alemania o Italia. Fue ese, además, el momento donde florecen las vanguardias como el futurismo, el cubismo y el surrealismo. "Se fue a completar su formación, como era habitual en los artistas e intelectuales argentinos y de América Latina. Pero una vez ahí, más que hacer un recorrido tradicional, eligió un camino distinto. Es decir, a él no le interesó ni una formación académica, ni visitar los talleres de los artistas consagrados. La partida rumbo a Europa tiene que ver con encontrar aquello que realmente le sirviera para satisfacerlo en términos espirituales."
Esta búsqueda, señala Artundo, ha dejado huellas elusivas. Se sabe, por ejemplo, que tuvo amistado con integrantes del Bloomsbury Group, ese colectivo de intelectuales del que participaron los hermanos Woolf, entre ellos, la agudísima Virginia. Así lo testimonian dos acuarelas abstractas que le obsequió la artista Gabrielle Söene, que también integraba el grupo y luego se convirtió en modelo del escultor Jacob Epstein. "En 1924, a punto de volver, conoció a uno de los ocultistas más importantes del momento, Aleister Crawley, a quien él admiraba. Al principio, el encuentro cara a cara no le causó buena impresión. Pero finalmente Crawley lo instruyó en el arte de tener visiones y en aprender a plasmarlas, algo que Xul venía haciendo pero sin método", cuenta la especialista. Los San Signos constituyen, especifica entonces, un libro de símbolos y "son los hexagramas del I Ching los que constituyen el medio de acceso y de contacto con los seres que pueblan esos mundos superiores: dioses, ángeles y genios capaces de introducirnos a verdades no reveladas". 
De esa experiencia mística surgieron cuatro cuadernos mágicos, donde el artista relató cada una de sus visiones (aunque Leah Hirzig, la "Scarlet Woman" que era una suerte de guía que seguía el proceso de cada aprendiz, se quejara de que el alumno Xul era un poco díscolo ya que a veces, luego de estar en trance, se olvidaba de escribir). Las primeras versiones fueron asentadas en inglés para que Crawley pudiera supervisarlas; luego, en castellano, y finalmente, en neocriollo, una de las dos lenguas artificiales que Xul inventó. "El neocriollo, que empieza a crear alrededor de 1918, deviene en la fusión entre español y portugués. Su objetivo es crear una lengua común para los hispanoparlantes. Pero no sólo busca comunicar sino que también desea unir en términos espirituales a Sudamérica. El idioma es la herramienta básica que tiene para eso. Paralelamente, investiga las lenguas mágicas, aquellas que te permiten acceder a verdades no reveladas", explica Artundo. Y agrega: "A lo largo de los años, el neocriollo fue perdiendo la transparencia porque él además va incorporando raíces de otros idiomas como el sánscrito, el latín o el guaraní. Así devino la panlengua, que fue una lengua monosilábica y sin gramática, que no partía de idiomas conocidos, sino que fue inventada en su totalidad, con un sistema propio de reglas que, de todos modos, también iba cambiando. Cuando hace pública esta lengua, dice que está pensada para la comunicación entre los tres grandes bloques después de finalizada la Segunda Guerra Mundial: Paneuropa, Panasia y Panamérica".
En semejante contexto, traducir los San Signos fue todo un desafío. Daniel Nelson se ocupó de esta tarea durante más de un año, a partir de la versión mecanografiada que dejó Xul, llena de correcciones, notas al pie y tachaduras. Y es que el artista tenía planeado escribir un libro que nunca completó. En un texto introductorio que figura en Los San Signos, Nelson aclara: "Más que la transcripción definitiva de los San Signos, este libro ofrece al lector una de las muchas transcripciones posibles de este texto". Y también: "El trabajo del transcriptor que busca, tal vez inútilmente, la transcripción 'perfecta' de los San Signos se parece mucho a la tarea de los bibliotecarios en el cuento de Borges 'La biblioteca de Babel'." 
El libro incluye las versiones originales en neocriollo y las traducciones. También, más de veinte reproducciones de obras de Xul, incluso las denominadas "grafías" que pintó a partir de los 50, susceptibles de ser leídas como textos porque cada una, además de ser una forma pictórica, representaba un sistema particular de símbolos. El lujoso ejemplar está acompañado además por textos de Leandro Pinkler y María Soledad Costantini, editores de El Hilo de Ariadna, y de Elena Montero Lacasa de Povarché, presidenta del Museo. También, una mítica conferencia que Borges leyó en 1968, cuando la obra de Xul se expuso en el Museo de Bellas Artes de la provincia de Buenos Aires. "Xul comprendía, mejor dicho Xul sentía, que lo que llamamos realidad, es lo que queda de antiguas imaginaciones", dijo Borges en esa oportunidad. Y agregó: "Xul sabía que la realidad puede modificarse continuamente, y creía que su misión consistía en esa revolución cotidiana." Mediante la lectura de los San Signos es posible recuperar un atisbo de los paraísos perdidos, esos que desde el pasado son capaces de iluminar un futuro donde la razón no esté exenta de las intuiciones sensibles. «

Xul Solar
La especialista

Patricia Artundo es curadora de libros especiales y manuscritos y también una de las mayores estudiosas del país de las diversas facetas de Xul. Ella señala la importancia de los viajes del artista, que entre 1912 y 1924 visitó países como Inglaterra, Francia, Alemania o Italia.

Un museo a medida del artista

La Fundación Pan Klub-Museo Xul Solar celebra, además, los 20 años de existencia del singular museo que funciona en Laprida 1214, diseñado por el arquitecto Pablo Beitía. Por esa razón, la institución realizará varias actividades a lo largo de este año, algunas de ellas en Buenos Aires y otras, en el exterior. 
Los festejos comienzan hoy a las 19 con la inauguración de la muestra Xul Solar: pintura sobre vidrio. Se trata de 20 obras casi inéditas ya que 12 de ellas se expusieron sólo una vez, en 1953, en la Galería Van Riel. 
Las obras serán expuestas con los marcos originales que el artista armó para cada una. La muestra se puede visitar de martes a viernes de 12 a 20 y sábados de 12 a 19. Además, la institución publicará dos nuevos libros. Uno es el Proyecto de Catálogo Razonado, una investigación de años que reúne 2000 obras hechas por Xul entre 1916 y 1963. Incluye un análisis pormenorizado de cada trabajo y datos en muchos casos desconocidos aún entre los especialistas. 
El otro libro es El arte de la amistad, una recopilación de textos de Borges (uno de ellos, inédito). El escritor fue amigo de Xul y uno de sus conocedores más conspicuos. Este vínculo se puede rastrear en relatos como "El idioma analítico de John Wilkins". En ese marco, el 17 de este mes se inaugura en Nueva York la muestra Xul Solar y Jorge Luis Borges, el arte de la amistad, en la American Society, que es la actividad preliminar a la publicación del libro homónimo. Finalmente, obras del artista integrarán la muestra central de la Bienal de Venecia, que se abrirá el próximo 1 de junio. 
Más info: <www.xulsolar.org.ar>.
  
Agendar

La inauguración
Esta tarde, a las 19, en Laprida 1214.
----------------------------------------------------

domingo, 7 de abril de 2013

EL FOTÓGRAFO DE LA ESMA

El represor que ganaba premios con fotografías de sus víctimas

Una rara avis en la ESMA: presumía de ser un artista sensible. Y las revistas especializadas lo describían como una promesa en el arte del retrato. En realidad, se trataba de un torturador de fuste. Los detalles de una trama increíble.

Por Ricardo Ragendorfer
Tomado del diario Tiempo Argentino del día de la fecha



Orlando González era un laborioso cultor de la fotografía artística. En 1979, esa actividad lo condujo a los umbrales de la consagración, al obtener el Gran Premio de Honor Cóndor de la Federación Argentina de Fotografía (FAF), el más prestigioso del país. Sus obras galardonadas fueron Una luna, una tarde y un viejo amor y La Parca. Ambas aparecerían publicadas en el número 138 de la revista Fotomundo (ver recuadro), junto con un elogioso comentario acerca de la segunda foto, que muestra, en clave difusa, una silueta femenina con una capa, detrás de una calavera. Lo cierto es que el peso misterioso de esa imagen aún hoy perdura, aunque no precisamente por razones estéticas.
A los 32 años, González solía alternar ocasionales changas fotográficas con el ejercicio artístico del asunto. 
En cuanto a las changas, hay por lo menos una que merece ser mencionada: en junio de 1979 –cuando esa edición de Fotomundo estaba en los kioscos–, a él se lo vio en la Plaza 18 de Julio, de Montevideo, retratando a una mujer de mediana edad con la estatua de Artigas como fondo, en lo que parecía ser una producción periodística. 
En cuanto al ejercicio artístico del asunto, poco después, en septiembre de ese año, se lo vio retratando a otra mujer en alguna isla del Tigre. Al igual que en su consagrada foto La Parca, ella posaba con una capa.
Ahora se sabe la identidad de sus modelos.
La primera: Thelma Jara de Cabezas, quien desde abril permanecía cautiva en la ESMA. Las fotos que González le sacó en la capital uruguaya –a donde la llevaron en un avión de línea– fueron publicadas el 22 de agosto en el diario News World, del reverendo Sun Myung Moon. Ahí ella fue presentada como la "madre de un guerrillero muerto" que se escondía de los montoneros. Otra nota de idéntico talante salió el 10 de septiembre en la revista Para Ti. 
La segunda: Lucía Deón, quien desde diciembre de 1978 permanecía cautiva en la ESMA, tras una breve escala por el centro clandestino Olimpo. González la fotografió en la isla El Silencio, una propiedad de la Iglesia Católica sobre el río Chañá Mini, en donde los marinos escondieron a sus prisioneros ante la visita al país de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)..   
Ambas mujeres sobrevivieron a las mazmorras de la última dictadura.
González, en realidad, era agente de inteligencia de la Armada e integraba el Grupo de Tareas (GT) 3.3.2 de la ESMA. Su nombre de guerra: "Hormiga".
Ahora, a los 68 años, es uno de los 68 represores de la Armada juzgados por delitos de lesa humanidad cometidos allí contra 789 víctimas.
La cuestión de su faceta artística estalló en medio del debate, luego de que un testigo, el sobreviviente Carlos Lordkipanidse, se refiriera a esa vieja nota de Fotomundo –exhibida por el propio "Hormiga" entre los secuestrados– y a los retratos que él le hizo a Lucía Deón en El Silencio. ¿Acaso es posible que González consumara sus obras con personas cautivas? La pregunta ahora flota bajo el techo del tribunal.

EL AUTODIDACTA. Atildado y medido. Así se mostraba "Hormiga" ante la superioridad. El capitán de fragata Guido Paolini, uno de los calificadores de su legajo, tenía de él un excelente concepto y estampó con su puño y letra el siguiente comentario: "Tiene excelentes conocimientos de fotografía, tanto para la toma como para el proceso de revelado y copia." 
Quizás otro capitán de fragata, Luis D'Imperio –el sucesor de Jorge "Tigre" Acosta en la jefatura del GT 3.3.2–, no considerara debidamente tal cualidad, puesto que, con un ejemplar de Fotomundo ante los ojos, bramó: "¡Usted es un pelotudo!" No le había causado demasiado beneplácito que el artículo en cuestión incluyera el nombre verdadero y otros datos personales de alguien que pertenecía a una unidad clandestina de combate antisubversivo. "¡Usted es un pelotudo!", repitió, sin dar crédito a sus ojos. 
Frente a él, González permanecía firme y en silencio. 
El tipo, oriundo de la ciudad chubutense de Esquel, había ingresado en la fuerza a los 17 años; ahora, tres lustros después, tenía grado de suboficial mayor, tras desempeñarse en el área de contrainfiltración y, después, como secretario privado de algún jerarca del Servicio de Inteligencia Naval (SIN).   
En la ESMA, a donde llegó como auxiliar de inteligencia en 1977, estaba a sus anchas. Tenía un escritorio en un rincón del llamado Salón Dorado, nada menos que el centro de operaciones de ese inframundo. Allí, él se encargaba de las comunicaciones, también ordenaba papeles y hasta tenía a su cargo el envío a reparaciones de picanas con problemas técnicos. Tampoco era inusual su presencia en interrogatorios; allí –según las víctimas– solía administrar dosis eléctricas con una actitud casi deportiva. A la vez cultivaba un trato amable con los prisioneros sometidos a trabajo esclavo; en especial, con las mujeres, a las que insistía en impresionar. 
En todo momento hacía gala de sus pretensiones intelectuales. En ello habría una razón de peso: dado su rango subalterno en una estructura elitista como la de la Armada, él se sentía subestimado por sus camaradas de armas. Creía que "estaba para más", y se lo quería demostrar a sus superiores. 
"¡Usted es un pelotudo!", le repitió D'Imperio por última vez.
Esas cuatro palabras, a través del boca a boca, circularían por los pasillos de la ESMA como un reguero de pólvora.
¿Cómo era la existencia de "Hormiga" fuera de ese lugar? González vivía con su mujer en una casa situada en la calle Tomás Le Bretón, de Villa Urquiza. Los vecinos tenían de él un vidrioso concepto, alimentado por sus idas y llegadas al hogar en vehículos con antenitas y sin identificación. No ocultaba, en cambio, su pasión por la fotografía. Tanto es así que fue muy común verlo en el barrio con su cámara Asahi Pentax K 1000 colgada del cuello. No menos común fue su presencia en el Foto Club Marina, en donde acostumbraba a participar en exposiciones y concursos. Claro que el codiciado premio de la FAF haría de él una celebridad en el pequeño mundillo de la fotografía. No obstante, su estilo no era muy estimado por sus colegas, ya que muchos de ellos consideraban a González un vulgar imitador del famoso fotógrafo ruso Leonid Tugalev. Ello no impidió que su obra maestra, La Parca, se alzara en 1979 con la máxima cucarda del certamen fotográfico más importante del país. Cabe destacar que, en esa ocasión, su gran derrotado fue el mundialmente Pedro Luis Raota. Los detractores de "Hormiga" aseguran que la decisión del jurado estuvo teñida de extrañas presiones. Ello no fue un obstáculo para que la revista Fotomundo le diera su espaldarazo editorial. Al parecer, la hija del director Lorenzo Mangialardi, una joven retratista cuyo nombre era Silvia, le tenía una gran simpatía. ¿Sabía ella su pertenencia el GT de la ESMA? No es improbable; ella era ingeniera naval y poseía un cargo directivo en una revista de Defensa, muy frecuentada por militares y marinos, tanto retirados como en actividad. Además, tenía un cargo ejecutivo en el directorio del astillero Pedro Domecq, muy relacionado con la Armada. Allí, por cierto, trabajaría González unos años después.   

CAMARA OCULTA. Lucía Deón, quien en la actualidad vive en una pequeña localidad de Córdoba, atendió la llamada de Tiempo Argentino sin manifestar mucha sorpresa. Y, casi a boca de jarro, reconoció haber sido retratada en El Silencio por "Hormiga".
–Él presumía de ser fotógrafo, y me hizo posar entre unos arbustos y con una mantilla. "Hormiga" decía que debía representar la muerte. 
–¿Acaso dijo "la parca"?
–Creo que sí. Es que pasó mucho tiempo…
–¿Fue voluntaria o forzada su participación en esas fotos?
–Y… ¿a usted que le parece?

La mujer, sin esperar la respuesta, pasó a un comentario:

–Con una de esas fotos hasta ganó un premio muy importante. 

Al parecer, las fotos que González le hizo en El Silencio habrían sido casi idénticas a las del premio de la FAF. De hecho, ya se sabe que estas últimas fueron reproducidas por Fotomundo en junio; es decir, tres meses antes. Ella, tras observar una copia enviada por el autor de esta nota, no se reconoció. En consecuencia, persiste el enigma sobre quién fue retratada en la foto galardonada por la FAF. Es muy probable –aseguran sobrevivientes y abogados querellantes– que esa también haya sido una víctima en situación de cautiverio. 
En tanto, la vida de "Hormiga" se recicló en la democracia sin contratiempos. Recién se retiró de la Armada en 1992, tras prestar servicios en la agregaduría naval de la embajada argentina en Chile. En el medio, hizo cursos de Derecho en la Universidad de Buenos Aires, fue alumno del prestigioso jurista Roberto Bergalli y obtuvo un título en Criminalística con inmejorables notas. A la vez, trabajó en Tecnipol y Saprán, dos empresas de Alfredo Yabrán, fue gerente de un aserradero en Esquel, y escribió un libro sobre peritajes para seguros, por cuenta de Ediciones Larocca. 
El 4 de marzo de 2009 fue detenido en la localidad chubutense de Corcovado por orden del juez Federal Sergio Torres. Desde entonces, su lugar de residencia es el penal de Marcos Paz. 
Ahora deberá pagar sus crímenes. Y también sus fotografías.

* Informe: Laura Lifschitz


Trabajar en la sombra, con luz difusa
Por momentos, el artículo de la revista Fotomundo sobre las virtudes artísticas del represor Orlando González no tienen desperdicio. Tanto es así que este –según aclara la revista– considera su fotografía La Parca una obra "casual". Porque la idea original "fue simbolizar la protección de una mujer hacia un niño. Pero la imagen que logró fue algo dantesca, con esos árboles detrás de ella. Por otro lado, le rondaba la idea de un castillo medieval, con una calavera delante del mismo. De la conjunción de ambas ideas surgió La Parca, una fotografía distinta que González compuso utilizando la mujer y la calavera del castillo".
Ya de por sí, que alguien se proponga representar una imagen maternal y que termine delineando un estereotipo mortuorio es ya de por sí una curiosidad psiquiátrica. Claro que la revista Fotomundo explica semejante metamorfosis de otra manera: "Una obra de arte implica planificación y trabajo. Es decir que entre la idea del autor y la obra realizada media un extenso camino de errores y aciertos que van construyendo lo que será esa foto final, que va configurando la expresión más cercana de lo que queremos decir y también de lo que somos." 
Más adelante se ampliaría tal concepto: "Este trabajo de planificación, búsqueda, concepción, bocetos, descartes de imágenes, conjunción y encuentro de la expresión buscada, en una fotografía distinta de la inicial, es la "casualidad" de la que habla González. Es lo que otros llaman inspiración, aunque ambos conceptos no aclaren el camino real de la obra de arte, como vimos cuando el autor de La Parca nos describió los pasos que había seguido para darle forma y donde su propio trabajo traspuso los límites de la casualidad. Quizás porque el arte no es sólo un problema de buenas intenciones sino del talento con el que se trabaja." 
La revista Fotomundo presenta al represor de la ESMA como un "autodidacta que se vale de toda la información que rescata de las publicaciones especializadas en fotografía. Luego describe las características técnicas del equipo utilizado por el hombre al cual en las catacumbas de la Armada llamaban "Hormiga". Y, finalmente, aclara: "Las drogas en su gran mayoría son preparadas por él mismo y algo de suma importancia y que merece ser tenido muy en cuenta es que González se vale siempre de la luz natural".
Al respecto, el propio "Hormiga" explicaría tal asunto con palabras que son en sí mismas una declaración de principios: "Nunca, en ninguna oportunidad he recurrido a la luz artificial. Me gusta la luz natural y muy especialmente trabajo en la sombra, con luz difusa. Aun allí, donde la luz envuelve al sujeto, es posible encontrar sombras y controlar los diferentes contrastes que posee el original". ¿Qué hubiese dicho el gran Lacan al respecto?

--------------------------------------------------------------

viernes, 5 de abril de 2013

MARÍA DEL MAR ESTRELLA

PRESENTACIÓN
María del Mar, amiga de tantos años, presenta otro de sus libros.
Comparto, agradecido y contento al haber recibido la invitación.
Cada presentación de un libro, es como un remanso en medio de las turbulencias, es como un espacio verde en medio de la polución.


-----------------------------------------------------------------------

jueves, 4 de abril de 2013

MUSEO DE BELLAS ARTES DE CIUDAD MORENO

Tengo el honor de haber sido invitado a participar de esta muestra, con tres esculturas de la serie: "De Escaleras y Otras Referencias (Subir, no es lo mismo que elevarse)"
A quienes puedan concurrir, los espero allí.

--------------------------------------------------------------

ARTE Y LETRAS

CUENTOS

Los invito a recorrer las páginas de Arte y Letras, en la Sección Cuentos, con grandes autores
Para ingresar, CLIC AQUÍ
También pueden comenzar directamente con algunos autores

Roberto Arlt
Honoré de Balzac
Jorge Luis Borges
Abelardo Castillo
Mario Capasso

Y otros.
-------------------------------------------------

miércoles, 3 de abril de 2013

LUIS GOYTISOLO

Ganó el Anagrama de Ensayo

El escritor catalán obtuvo el galardón con la obra "Naturaleza de la novela", en la que analiza el origen y la genealogía del género novelístico. El finalista de la 41 edición del premio, al que se habían presentado 131 originales, fue Jorge Carrión por su obra "Librerías". La obra ganadora se editará el próximo mayo, mientras que el ensayo finalista aparecerá en septiembre.

En "Naturaleza de la novela" Goytisolo aborda algunos de los temas que ya trató de manera tangencial en sus artículos ensay?sticos-literarios reunidos en "El porvenir de la palabra" (2002). Sin embargo, sólo en "Naturaleza..." el autor plantea y desarrolla los aspectos fundamentales a los que alude el título y se interroga acercade qué es ese género llamado novela, lo que hoy entendemos por tal, cuándo se inicia, cuáles son sus orígenes y características y cuáles los factores directos e indirectos que propician su formación como género. Goytisolo tampoco soslaya en su análisis la recurrente crisis de la novela y las circunstancias en las que se produce actualmente.

El editor Jorge Herralde subrayó que es el primer ensayo íntegro de Luis Goytisolo, "muy sintético y nada académico", en el que explica toda la trayectoria de la novela a lo largo de los siglos y que acaba con "un canto a la persistencia de la gran literatura".

Un canto similar hace el finalista, Jorge Carrión, hacia las librerías, un elemento fundamental en la difusión de esa gran literatura, con un texto que "combina el ensayo, la crónica de viajes y la autobiografía". Según Herralde, "Naturaleza..." es claramente "un ensayo escrito por un novelista, no por un filólogo o un crítico, similar a los que en su día escribieron Paul Valéry, Aldous Huxley o T.S. Eliot, y que Luis Goytisolo tanto valora".

Goytisolo (Barcelona, 1935) quiere ser "positivo y optimista" respecto de la gran literatura, de las grandes novelas: "Igual que en la actualidad leemos a cualquier escritor griego clásico, en formatos e idiomas para ellos impensables, igual pasará con las novelas actuales". El ganador describe que mientras la primera mitad del siglo XX había sido "esplendorosa", según avanzaba el siglo se empezó a notar cierto declive en la novela, aunque, aclara: "Ese declive nunca será como una guillotina, sino como el que experimentaron otras formas narrativas del pasado, como los cantares de gesta, la literatura oral".

Goytisolo decidió escribir "Naturaleza..." cuando notó que ese declive se había acelerado más de lo que había previsto y eso le llevó a analizar el nacimiento y su desarrollo. "La novela, tal como la entendemos hoy, está muy vinculada al Renacimiento, a la imprenta y a la secularización", en un momento en el que, recuerda Goytisolo, "la pintura abandona las iglesias, la música deja de ser religiosa y se convierte en clásica, y la arquitectura deja de dedicarse a construir catedrales fundamentalmente".

A su juicio, el Quijote es, sin duda, la primera gran novela, por sus componentes, entre ellos el humor, y a partir de la obra de Cervantes, "el género evolucionó y su época de auge se produjo de mediados del siglo XIX a la mitad del XX". En los años cincuenta del pasado siglo empieza el declive, emparejado a "un cambio en los ámbitos sociales y no a la irrupción del cine", pues a su juicio cine y literatura "se han beneficiado mutuamente".

Goytisolo sitúa el problema del género novelístico en los años ochenta, cuando empezaron a aparecer otros factores, como "la mayor dedicación a ver la televisión, internet y la informática, que han acabado afectando a la novela y también al cine". Una crisis que el autor barcelonés detecta en otras artes, como la arquitectura, la pintura que también vivió su decadencia con el final del caballete, o la música clásica, que fue otra cosa a partir de los últimos grandes compositores, Stravinsky y Bartok.

El jurado del premio Anagrama de Ensayo, dotado con 8000 euros, estaba compuesto por Salvador Clotas, Román Gubern, Xavier Rubert de Ventós, Fernando Savater y Jorge Herralde.

El finalista Jorge Carrión, por su parte, considera que al igual que le sucede a la novela, las librerías también viven esa crisis, porque como institución han estado siempre subordinadas a la literatura. En su ensayo repasa algunas de las mejores librerías de ciudades y países que ha visitado desde que comenzó a viajar hace más de 15 años. "Sin ser apocalíptico ni integrado, pienso que las librerías no están condenadas, porque aunque mueren muchas, también aparecen muchas, y el futuro camina hacia nuevas formas, como las que se convierten en librerías-restaurante o las que venden los libros al peso", apunta Carrión, quien dedica el capítulo final a las nuevas librerías, las virtuales, "Amazon y sus mutaciones", frente a las cuales "la única salida que tienen las librerías tradicionales es trabajar la vertiente emocional".
-------------------------------------------------------

martes, 2 de abril de 2013

AGATHA CHRISTIE

LA HUELLA DEL PULGAR DE SAN PEDRO

Ahora, tía Jane, te toca a ti -dijo Raymond West.
-Sí, tía Jane, esperamos algo verdaderamente sabroso -exclamó en tono festivo Joyce Lempriére.
-Vamos, vamos, no se burlen de mí, queridos -replicó la señorita Marple plácidamente-. Creen que por haber vivido toda mi vida en este apartado rincón del mundo probablemente no he tenido ninguna experiencia interesante.
-Dios no permita que considere la vida de un pueblo como apacible y monótona -replicó Raymond acaloradamente-. ¡Nunca más después de las horribles revelaciones que acabamos de oír de tus labios! El mundo cosmopolita parece tranquilo y pacífico comparado con St. Mary Mead.
-Bueno, querido -dijo la señorita Marple-, la naturaleza humana es la misma en todas partes y, claro está, en un pueblecito se tienen más ocasiones de observarla de cerca.
-Es usted realmente única, tía Jane –exclamó Joyce-. Espero que no le importará que la llame tía Jane -agregó-. No sé por qué lo hago.
-¿Seguro que no, querida? -replicó la señorita Marple.
Y la contempló con una mirada tan burlona por unos instantes, que las mejillas de la muchacha se arrebolaran. Raymond carraspeó para aclararse la garganta de un modo algo embarazoso.
La señorita Marple volvió a contemplarlos sonriente y luego dedicó de nuevo su atención a su labor de punto.
-Es cierto que he llevado lo que se llama una vida tranquila, pero he tenido muchas experiencias resolviendo pequeños problemas que han ido surgiendo a mi alrededor. Algunos verdaderamente ingeniosos, pero de nada serviría contárselos, ya que son cosas de poca importancia y no les interesarían, como por ejemplo: "¿Quién cortó las mallas de la bolsa de la señora Jones?" y "¿Por qué la señora Simons sólo se puso una vez su abrigo de pieles nuevo?" Cosas realmente interesantes para cualquiera que guste de estudiar la naturaleza humana. No, la única experiencia que recuerdo que pueda tener interés para ustedes es la de mi pobre sobrina Mabel y su esposo. Ocurrió hace diez o quince años y, por fortuna, todo acabó y nadie lo recuerda. La memoria de las gentes es muy mala, afortunadamente.
La señorita Marple hizo una pausa mientras murmuraba para sí:
-Tengo que contar esta vuelta. El menguado es un poco difícil. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, y luego se menguan tres. Eso es. ¿Qué estaba diciendo? Oh, sí, hablaba de la pobre Mabel. Mabel era mi sobrina. Una muchacha simpática y muy agradable, sólo que lo que podríamos decir un poco tonta. Le gusta armar un drama por cualquier cosa, siempre que se enfada, y dice muchas más cosas de las que piensa. Se casó con un tal señor Denman cuando tenía veintidós años y me temo que no fue muy feliz en su matrimonio. Yo había esperado que aquella boda no llegara a celebrarse, ya que el tal señor Denman parecía un hombre de temperamento violento y no la clase de persona que hubiera sabido tener paciencia con las debilidades de Mabel. Y también porque supe que en su familia había habido algunos casos de locura. No obstante, entonces las muchachas eran tan obstinadas como ahora y como lo serán siempre, y Mabel se casó con él.
"Después de su matrimonio no la vi muy a menudo. Vino a pasar unos días a mi casa un par de veces y me invitaron a la suya en varias ocasiones, pero, a decir verdad, no me gusta mucho estar en casas ajenas y siempre me las arreglé para excusarme. Llevaban diez años casados cuando el señor Denman falleció repentinamente. No habían tenido hijos y dejaba todo su dinero a Mabel. Yo le escribí, como es natural, ofreciéndome a hacerle compañía si me necesitaba, pero me contestó con una carta muy sensata y yo imaginé que no estaba demasiado abatida por la pena. Lo juzgué natural sabiendo que desde hacía algún tiempo hacían vidas separadas. No fue hasta unos tres meses después cuando recibí una carta de lo más histérica de mi sobrina, en la que me pedía que acudiera a su lado, que las cosas iban de mal en peor y que no sería capaz de soportarlo por mucho más tiempo.
"Así que, por supuesto, recogí mis cosas, llevé la vajilla de plata al banco y acudí en seguida. Encontré a Mabel muy nerviosa. La casa, Myrtle Dene, era muy grande y estaba magníficamente amueblada. Tenían cocinera, doncella, así como una enfermera que cuidaba del anciano señor Denman, padre del esposo de Mabel, quien estaba lo que se dice "un poco mal de la cabeza". Era un hombre tranquilo y se portaba bien, aunque a veces era algo raro. Como ya he dicho, había habido casos de locura en la familia.
"Me sorprendí realmente al ver el cambio sufrido por Mabel. Era un manojo de nervios y me resultó difícil que me contara el problema. Lo conseguí, como siempre se consiguen estas cosas, indirectamente. Le pregunté por unos amigos suyos a quienes siempre mencionaba en sus cartas, los Callagher. Ante mi sorpresa, me respondió que apenas los veía ya. Y lo mismo me contestó al preguntarle por otros. Le hablé de lo tonto que era encerrarse en casa y renunciar al trato social, y entonces me contó la verdad.
"-No es cosa mía, sino suya. Ahora no hay una sola persona aquí que quiera dirigirme la palabra. Cuando paso por High Street todos se apartan para no tener que saludarme. Soy una especie de leprosa. Es horrible y no podré soportarlo por mucho tiempo. Tendré que vender la casa y marcharme al extranjero. Y, sin embargo, ¿por qué tienen que hacerme abandonar una casa como ésta? Yo no he hecho nada.
"Me inquieté más de lo que puedan ustedes imaginar. Estaba tejiendo una bufanda para la anciana señora Hay y, en mi tribulación, dejé escapar unos puntos y no lo descubrí hasta mucho después.
"-Mi querida Mabel -le dije-, me sorprendes. ¿Cuál es la causa de todo esto?
"Incluso de niña Mabel fue siempre difícil y me costó muchísimo sacarle la verdad. Sólo sabía hablar con vaguedad de las personas ociosas y maliciosas que no tienen nada mejor que hacer que chismorrear y lanzar insidias a las mentes de los demás.
"-Lo veo muy claro -le dije-. Evidentemente debe de circular algún rumor referente a ti. Tú debes saber muy bien cuál es esa historia, de modo que vas a contármela.
"-¡Es algo tan malicioso! -gimió Mabel.
"-Claro que es malicioso -repliqué-. No hay nada que puedas contarme acerca de la mentalidad humana que me sorprenda. Y ahora, Mabel, ¿quieres decirme lisa y llanamente lo que la gente anda diciendo de ti?
"Entonces salió todo.
"Al parecer, la repentina e inesperada muerte de Geoffrey Denman había suscitado varios rumores. En resumen, la gente pensaba que ella había envenenado a su esposo.
"Ahora bien, como supongo que ustedes ya saben, no hay nada más cruel ni más difícil de combatir que los rumores. Cuando la gente habla a nuestras espaldas nada hay que pueda uno rebatir o negar, y las habladurías van creciendo sin que nadie pueda detenerlas. Yo estaba completamente segura de una cosa: Mabel era incapaz de envenenar a nadie y no comprendía por qué iban a arruinarle la vida haciéndole insoportable la estancia en aquella casa sólo porque, con toda probabilidad, había hecho alguna estupidez.
"-No hay humo sin fuego -le dije-, Mabel. Ahora vas a decirme el motivo de que la gente comenzara a rumorear. Debió ser por algo.
"Mabel se mostró muy incoherente, declarando que no había sido por nada, por nada en absoluto, como no fuese, naturalmente, por lo repentino del fallecimiento de Geoffrey. A la hora de cenar parecía encontrarse perfectamente y por la noche se puso muy enfermo. Naturalmente habían enviado a buscar al médico, pero el pobre Geoffrey falleció a los pocos minutos de su llegada. Su muerte fue atribuida a envenenamiento por haber comido setas venenosas.
"-Bueno -le dije-, supongo que una muerte repentina de esa clase puede desatar las lenguas, pero sin duda no sin algunos hechos adicionales. ¿Te peleaste con Geoffrey o algo por el estilo?
"Admitió que había sostenido una discusión con él la mañana anterior, a la hora del desayuno.
"-Supongo que la oirían los criados... -comenté.
"-No estaban en la habitación.
"-No, querida, pero probablemente estaban al otro lado de la puerta -le contesté.
"Yo sabía muy bien lo histérica que podía llegar a ponerse Mabel cuando se enfadaba. Geoffrey Denman también era un hombre dado a elevar la voz cuando se enfadaba.
"-¿Por qué pelearon? -quise saber.
"-Oh, por las tonterías de siempre. Siempre ocurría lo mismo. Cualquier cosa nos enzarzaba en una discusión. Geoffrey se ponía imposible y decía cosas abominables, y yo le contestaba a todo lo que pensaba de él.
"-Entonces, ¿discutían a menudo? -pregunté.
"-No era culpa mía.
"-Mi querida niña -le dije-, no importa de quién fuera la culpa. Eso no es lo que estamos discutiendo ahora. En un sitio como éste, los asuntos privados de todo el mundo son poco más o menos del dominio público. Tú y tu marido estaban siempre discutiendo. Una mañana tienen una pelea mayor de lo normal y aquella noche tu marido muere repentina y misteriosamente. ¿Es eso todo o hay algo más?
"-No sé qué quieres decir -afirmó Mabel apesadumbrada.
"-Pues lo que he dicho, querida. Si has cometido alguna tontería, no lo ocultes. Yo sólo quiero ayudarte.
"-Nadie ni nada puede ayudarme, excepto la muerte -declaró Mabel con desesperación.
"-Ten un poco más de fe en la Providencia, querida -le dije-. Ahora sé perfectamente que hay algo más que tratas de ocultar.
"Siempre supe, incluso cuando era una niña, cuándo no me decía la verdad. Tardó mucho tiempo, pero al fin lo dijo. Aquella misma mañana fue a la farmacia a comprar arsénico. Por supuesto firmó en el registro y, naturalmente, el farmacéutico lo había contado.
"-¿Quién es tu médico? -le pregunté.
"-El doctor Rawlinson.
"Yo lo conocía de vista. Mabel me lo había señalado el día anterior y era lo que vulgarmente se llama un viejo decrépito. Además, yo tenía demasiada experiencia de la vida para creer en la infalibilidad de los médicos. Algunos son inteligentes y otros no, y la mayor parte de las veces no saben lo que le ocurre a uno. Yo no confío ni en los médicos ni en las medicinas.
"Después de reflexionar sobre lo que había averiguado, me puse el sombrero y me fui a visitar al doctor Rawlinson. Era precisamente lo que yo había supuesto, un anciano amable y tan corto de vista que daba lástima, ligeramente sordo, y al mismo tiempo susceptible y quisquilloso en grado extremo. En cuanto mencioné la muerte de Geoffrey Denman se puso a la defensiva, y me habló largo rato de las setas, las comestibles y las que no. Había interrogado a la cocinera, quien admitió que una o dos setas de las que preparó le parecieron "un poco extrañas", pero pensó que debían ser buenas, puesto que se las habían enviado de la tienda. Cuanto más pensaba en ello desde aquél día, más convencida estaba de que su aspecto no era normal.
"-Y no es extraño -dije yo-. Debieron empezar por ser semejantes a las demás en apariencia y terminar adquiriendo un color naranja con manchas rojas. No hay nada que esa gente no recuerde si se esfuerza.
"Averigüé que Denman ya no podía hablar cuando llegó el doctor. No podía tragar y falleció a los pocos minutos. El médico parecía completamente satisfecho de su dictamen, pero yo no estaba segura de si era debido a un firme convencimiento o a su testarudez.
"Me fui directa a casa y pregunté a Mabel por qué había comprado arsénico.
"-Debiste hacerlo con algún propósito -le dije.
"Mabel se echó a llorar.
"-Quería suicidarme -gimió-. Me sentía tan desgraciada... y pensé que así terminaría todo.
"-¿Tienes aún el arsénico? -le pregunté.
"-No, lo tiré.
"Estuve durante unos momentos dando vueltas en mi mente al problema.
"-¿Qué ocurrió cuando se sintió mal? ¿Te llamó?
"-No -meneó la cabeza-. Hizo sonar el timbre con violencia. Debió llamar varias veces y al fin Dorothy, la doncella, lo oyó y, tras despertar a la cocinera, bajó con ella. Cuando Dorothy lo vio se asustó mucho. Estaba inquieto y delirando. Dejó allí a la cocinera y vino corriendo a buscarme. Yo me levanté y al verlo comprendí en el acto que estaba muy grave. Por desgracia Brewster, que cuida del anciano señor Denman, tenía la noche libre, de modo que no había nadie en la casa que supiera lo que se debía hacer. Mandé a Dorothy a buscar al médico, y la cocinera y yo nos quedamos con él, pero al cabo de unos minutos no pude soportarlo más, era demasiado horrible, y regresé a mi habitación para encerrarme en ella.
"-Fuiste muy egoísta y cruel -le dije-, y no hay duda de que tu comportamiento no te habrá ayudado precisamente, ya puedes estar segura. La cocinera lo habrá repetido por todas partes. Vaya, vaya, es un mal asunto.
"Luego hablé con el servicio. La cocinera quería contarme lo de las setas, pero la contuve: estaba harta de aquellas setas. En vez de eso, la interrogué detalladamente acerca del estado de su amo en aquella trágica noche. Las dos estuvieron de acuerdo en que parecía agonizante, que apenas podía tragar, sólo hablaba con voz apagada y delirante, y que no dijo nada que tuviera sentido.
"-¿Qué dijo cuando deliraba? -pregunté con curiosidad.
"-Algo acerca de un pescado, ¿no? -dijo volviéndose a la otra.
"Dorothy asintió.
"-Un montón de pescado -dijo-, o alguna tontería por el estilo. En seguida comprendí que el pobre señor había perdido la cabeza.
"No era posible sacar nada en claro de aquello. Como último recurso, fui a ver a Brewster, que era una mujer delgada de unos cincuenta años.
"-Es una lástima que no estuviera yo aquella noche -dijo-. Al parecer nadie intentó hacer nada por él hasta que llegó el médico.
"-Supongo que deliraba -dije pensativa-, pero eso no es síntoma de envenenamiento producido por alimentos en mal estado, ¿o sí?
"-Eso depende -replicó Brewster.
"Le pregunté por el estado de su paciente.
"Meneó la cabeza.
"-Está bastante mal -replicó.
"-¿Débil?
"-Oh, no. Físicamente está bastante bien, aparte de la vista, que le empieza a fallar. Puede que nos sobreviva a todos nosotros, pero su mente se está perdiendo muy deprisa. Les dije al señor y a la señora Denman que debían internarlo en un sanatorio, pero la señora Denman no quiere oír hablar de ello siquiera.
"Debo decir que Mabel siempre ha tenido un corazón generoso.
"Bien, así estaban las cosas. Consideré cuidadosamente todos los aspectos y finalmente decidí que sólo quedaba una cosa por hacer. En vista de los rumores que circulaban, debíamos solicitar un permiso para exhumar el cadáver, practicarle la debida autopsia y hacer que las lenguas se callaran para siempre. Desde luego, Mabel armó un gran alboroto diciendo que no se debía molestar a un muerto en su tumba, etc... pero yo me mantuve firme.
"No me alargaré en esta parte de mi historia. Conseguimos el permiso y se llevó a cabo la autopsia, o como se llame eso, mas el resultado no fue lo satisfactorio que debiera haber sido. No se encontró el menor rastro de arsénico, cosa favorable, pero las palabras exactas del informe forense fueron "que no había nada que demostrase la causa de la muerte".
"De modo que aquello no solucionó nada. La gente continuó hablando de venenos raros que no dejan rastro y tonterías por el estilo. Yo visité al patólogo que efectuó la autopsia, al que hice varias preguntas, aunque se esforzó cuanto le fue posible para no responder a la mayoría de ellas. Pero logré sonsacarle que consideraba altamente improbable que las setas venenosas hubieran sido la causa del fallecimiento. Una idea tomaba forma en mi mente y le pregunté qué veneno, si es que existía alguno, podía haber sido empleado para lograr aquellos efectos. Me dio una extensísima explicación, que en su mayor parte, debo admitirlo, no entendí, pero que puede resumirse así: la muerte pudo ser producida por algún fuerte alcaloide vegetal.
"La idea que tuve era ésta. Suponiendo que Geoffrey Denman llevara también en la sangre la tara de la locura, ¿no pudo haberse suicidado? Durante un período de su vida estudió medicina y debía tener un buen conocimiento de los venenos y sus efectos.
"No me parecía muy probable, pero fue lo único que se me ocurrió y puedo asegurarles que estuve a punto de volverme loca. Ahora, aunque ustedes los jóvenes lo tomen a risa, les confesaré que, cuando me encuentro en un verdadero apuro, siempre rezo para mis adentros, en cualquier parte donde me encuentre, caminando por la calle o en el interior de una tienda, y siempre obtengo una respuesta a mi plegaria. Tal vez parezca una cosa sin importancia y sin relación aparente con este asunto, pero la tiene. Cuando era niña tenía este lema escrito sobre mi cama: "Pide y recibirás". La mañana a la que me refiero yo estaba paseando por High Street y rezaba intensamente. Cerré los ojos y, al abrirlos, ¿qué creen ustedes que fue lo primero que vi?"
Cinco rostros se volvieron hacia la señorita Marple, demostrando diversos grados de interés. Sin embargo, podía afirmarse con seguridad que ninguno había adivinado la respuesta a la pregunta.
-Vi -dijo la señorita Marple con aire misterioso- el escaparate de la pescadería. Y sólo había una cosa en él: un ródalo fresco.
Miró a su alrededor con aire triunfante.
-¡Oh, cielos! -exclamó Raymond West-. La respuesta a tu plegaria fue... un ródalo fresco.
-Sí, Raymond -contestó la señorita Marple con aire severo-. Y no hace falta que seas tan escéptico. La mano de Dios está en todas partes. Lo primero que vi fueron las manchas negras de ese pescado, las huellas del pulgar de san Pedro, según cuenta la leyenda, ya sabes. Y eso me hizo recordar cosas: que necesitaba fe, la verdadera fe de san Pedro, y relacioné las dos cosas, la fe y el pescado.
Henry se sonó con bastante apresuramiento y Joyce se mordió el labio.
-¿Qué es lo que trajo esto a mi memoria? Pues que la doncella y la cocinera mencionaran que el pescado había sido una de las palabras pronunciadas por el difunto. Eso me convenció, con un convencimiento absoluto, de que la solución del misterio había de encontrarse en aquellas palabras. Volví a casa resuelta a llegar al fondo del asunto.
Hizo una pausa.
-¿Se les ha ocurrido pensar -continuó la anciana- cuántas veces nos dejamos llevar por lo que creo se ha dado en llamar el contexto de las cosas? Hay un lugar en Dartmoor llamado Tiempo Gris. Si uno habla con un granjero de allí y menciona las palabras Tiempo Gris, sin duda deducirá que se refiere a aquellas rocas, aunque es posible que usted le esté hablando del día que hace. Del mismo modo, si uno hace referencia a ese lugar ante un extraño que sólo oiga un fragmento de la conversación, puede pensar que le hablan del tiempo. De modo que, al repetir una conversación, por lo general no empleamos las palabras exactas, sino otras que para nosotros tienen el mismo significado.
"Me entrevisté por separado con la cocinera y Dorothy. Pregunté a la primera si estaba segura de que su amo había hablado de un montón de pescado y respondió afirmativamente.
"-¿Fueron entonces ésas sus palabras exactas -pregunté- o nombró alguna clase especial de pescado?
"-Eso es -replicó la cocinera-, una clase especial que ahora no puedo recordar. Un montón de... ¿qué era lo que dijo? No es ninguno de los que se sirven en la mesa. ¿Diría sollo o perca? No, no empezaba con P.
"Dorothy también recordaba que su amo había mencionado una clase determinada de pescado.
"-Era un nombre poco corriente -dijo-. Una pila de... ¿qué es lo que dijo?
"-¿Dijo montón o pila? -pregunté.
"-Creo que dijo pila. Pero no estoy segura, es tan difícil recordar las palabras exactas, ¿no es cierto, señorita?, especialmente cuando no tienen sentido. Pero ahora que lo pienso, estoy casi segura de que dijo pila, algo que me sonó muy extraño, y luego pronunció el nombre de un pescado que empieza con C, pero no era el congrio ni cangrejo."
-Lo que sigue a continuación me enorgullece –dijo la señorita Marple-, porque, desde luego, nada sé de drogas, que considero desagradables y peligrosas. Tengo una receta de mi abuela para hacer infusión de tanaceto que vale más que todas las medicinas. Pero yo sabía que en la casa había varios libros de medicina y que uno de ellos era un índice de drogas. ¿Comprenden? Mi idea fue que Geoffrey había tomado alguna dosis de veneno e intentó decirlo. Bien, primero miré las que empezaban por R, sin encontrar nada que me pareciese probable. Luego seguí con la letra P y casi en seguida di con ella... ¿qué creen ustedes que era?
Miró a su alrededor saboreando su triunfo.
-Pilocarpina. ¿No adivinan cómo sonaría en labios de un hombre que apenas pudiera hablar? ¿Y cómo sonaría a oídos de una cocinera que nunca lo hubiera oído? ¿No debió de darle la impresión de que decía algo así como "pila de carpas"?
-¡Por Júpiter! -exclamó Henry.
-Nunca se me hubiera ocurrido -confesó el doctor Pender.
-Es muy interesante -dijo la señora Petherick-. Interesantísimo.
-Busqué apresuradamente la página que señalaba el índice y leí los efectos que la pilocarpina produce en los ojos y otras cosas que no hacen al caso, y al fin llegué a una frase muy significativa. Ha sido empleada con éxito como antídoto contra el envenenamiento producido por la atropina. Entonces lo vi todo con claridad. Nunca consideré muy probable que Geoffrey Denman se hubiera suicidado. No, esta nueva solución no sólo era posible, sino que estaba segura de que era la verdadera ya que todas las piezas del rompecabezas encajaban.
-No voy a tratar de adivinarlo -dijo Raymond-. Continúa, tía Jane, y dinos lo que estaba tan claro para ti.
-Yo no sé nada de medicina, por supuesto -replicó la señorita Marple-, pero lo que sí sabía era que, cuando mi vista empezó a fallar, el médico me recetó unas gotas de sulfato de atropina. Fui directamente a la habitación del anciano señor Denman y no me anduve por las ramas.
"-Señor Denman -le dije-. Lo sé todo. ¿Por qué envenenó usted a su hijo?
"Me miró durante un par de segundos, era un hombre bastante atractivo a su manera, y luego se echó a reír. Fue una de las risas más malvadas que he oído en mi vida y les aseguro que se me puso la piel de gallina. Sólo en una ocasión oí algo parecido, cuando la pobre señora Jones se volvió loca.
"-Sí -me contestó-, yo maté a Geoffrey. Yo era demasiado listo para él y él quería quitarme de en medio ¿no es cierto? Encerrarme en un asilo. Lo oí hablar con Mabel. Mabel es una buena chica, se puso de mi parte, pero yo sabía que no iba a poder impedirlo indefinidamente. Al fin se habría salido con la suya, como siempre. Pero yo acabé con él, con mi hijo amable y cariñoso. ¡Ja, ja! Bajé durante la noche. Fue muy sencillo. Brewster había salido y mi querido hijo estaba durmiendo. Tenía un vaso de agua en la mesilla de noche, siempre bebía cuando se despertaba a medianoche. Lo vacié, ¡ja, ja!, y luego vertí en él mi botella de gotas para los ojos. Cuando se despertase se lo bebería antes de saber qué era. Sólo me quedaba una cucharada, pero fue suficiente, fue suficiente. ¡Así fue cómo lo hice! A la mañana siguiente me dieron la noticia con mucha delicadeza. Temían que me afectara, ¡ja, ja, ja!
"Bien, éste es el final de mi historia. Desde luego el pobre viejo fue internado en un sanatorio. En realidad no era responsable de lo que había hecho, se supo la verdad y todo el mundo se compadeció de Mabel y no sabían qué hacer para compensarla de sus injustas sospechas. Pero de no haber sido porque Geoffrey se dio cuenta de lo que había tomado e intentó pedir que le trajeran el antídoto sin demora, es posible que nunca se hubiera descubierto. Creo que la atropina produce ciertos síntomas muy evidentes, dilatación de las pupilas y demás, pero desde luego y como ya les he dicho, el doctor Rawlinson era muy corto de vista, pobre viejo. Y en el mismo libro de medicina, que continué leyendo porque era muy interesante, se daban los síntomas del envenenamiento producido por la ingestión de alimentos en mal estado y por la atropina, y no se diferencian gran cosa. Pero les aseguro que no he vuelto a ver un ródalo fresco sin acordarme de la huella del pulgar de san Pedro."
Hubo una larga pausa.
-Mi querida amiga -dijo el señor Petherick-, es usted realmente maravillosa.
-Recomendaré a Scotland Yard que vengan a pedirle consejo -intervino Henry.
-Bueno, de todas formas hay una cosa que ignoras, tía Jane -dijo Raymond.
-Oh, sí que lo sé, querido -replicó la señorita Marple-. Ha ocurrido precisamente antes de cenar ¿no es cierto? Cuando llevaste a Joyce a contemplar la puesta de sol. Es un lugar muy adecuado, junto a los jazmines. Allí es donde el lechero le preguntó a Annie si quería casarse con él.
-Vaya, tía Jane -replicó el joven-, no estropees todo el romanticismo. Joyce y yo no somos como el lechero y Annie.
-En eso te equivocas, querido -dijo la señorita Marple-. En realidad todos somos iguales, aunque afortunadamente tal vez no nos demos cuenta.
-----------------------------------------------------------

lunes, 1 de abril de 2013

JORGE LUIS BORGES

CONFERENCIA SOBRE LA OBRA DE XUL SOLAR 
Dictada en la Fundación San Telmo el 3 de septiembre de 1980

Texto procedente de Material de consulta en Museo Xul Solar, ubicado en Láprida 1212 en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Página Museo: www.xulsolar.org.ar

Señoras, Señores:

En el curso de una larga vida, -he cumplido 81 años-, conocí a mucha gente famosa. Conocí y olvidé a muchas. Pero algunos persisten, y me acompañan. Pienso en primer término en mi padre. También en personas famosas que conocí, sé que los conocí como sé por ejemplo que estuve en Connecticut y en Valencia; pero hay tres de ellas que querría nombrar, que son el gran poeta judeo-andaluz Rafael Cansinos Assens, Macedonio Fernández y, quizás más que ningún otro, Alejandro Xul Solar. No recuerdo cuándo nos conocimos. Hablamos inventado que nos habíamos conocido en tal o cual lugar, pero no recuerdo ahora cuál es. No sé si ustedes conocieron personalmente a Xul Solar. Algunos lo habrán conocido, otros no. Me parece estar viendo a ese hombre alto, rubio y evidentemente feliz. Creo que uno puede simular muchas cosas, pero nadie puede simular la felicidad. En Xul Solar, se sentía la felicidad: la felicidad del trabajo y, sobre todo, de la continua invención. Era de origen italiano; italiano del norte, su madre se llamaba Salan y su padre Schulz, del Báltico. Es decir que tendría sin duda sangre prusiana, sangre eslava, quizás alguna sangre escandinava y luego, sangre de los italianos del norte, germánica. Me dijo una vez que había nacido en San Fernando y había viajado por todo el mundo. Creo que Xul tendría unos catorce años cuando fue como polizón en un barco que iba a Inglaterra; trabajaba como marinero, y luego leía. Recuerdo que alguien a bordo le preguntó qué estaba haciendo, y él dijo que había cumplido con su trabajo y que estaba leyendo, y el otro le contestó: “Una filosofía muy peligrosa para un joven, eso de estar leyendo y descansando. Recuerdo que Xul me dijo que llegó a Inglaterra, desembarcó y que lo primero que vió fueron dos hindúes; pensó que eso era “a good ornen”, un buen presagio. Hablaba inglés perfectamente y el alemán lo había heredado, y ya que he hablado del inglés y del alemán recuerdo haber pasado tantas tardes en su casa, en la calle Laprida 1214, en esa espléndida biblioteca, quizás una de las mejores bibliotecas que yo he visto en mi vida, con libros en todos los idiomas.Solíamos pasar a tarde leyendo a Swedenborg, leyendo la música de Swedenborg, leyendo a Blake, leyendo no solamente la música de Blake, sino lo místico de Blake, la magia de Blake. Si yo tuviese que comparar a Xul con algún otro -pero Xul era único, quizás cada individuo sea único pero en él se notaba más esa unicidad- lo compararía con William Blake precisamente, ya que William Blake fue un místico como él, fue un visionario y fue un gran poeta (además de grabador). Xul fue poeta, pero lo hizo en los dos idiomas inventados por él. Tenemos, pues, esta primera definición de Xul Solar. Voy a tratar de descubrir otra. Diría que nosotros, o casi todos nosotros, vivimos aceptando el universo, aceptando tradiciones, conformándonos a las cosas. En cambio, Xul vivía recreando el universo. Lo recreaba en cada momento. Creo que los teólogos dicen que el estado del mundo es una perpetua creación. Es decir, si Dios dejara de pensar en nosotros en este momento, desapareceríamos aniquilados por su olvido. Dios nos piensa en cada momento. A Xul esto no le bastaba. Xul recreaba el universo. Hablo de Xul y pienso en una imagen, no sé si es de Conrad o si es mía, total qué importa, las imágenes son las mismas, y es ésta: es la de un navegante que atraviesa el mar y ve una línea que es una realidad en el horizonte. Y entonces piensa: esa realidad es el Africa, o es Asia o América. Y piensa que detrás de esa claridad, esa vaga línea que él apenas descifra en el horizonte, que detrás de esa vaga claridad hay un continente. En ese continente hay religiones, dinastías, ciudades, selvas, desiertos, hay muchas cosas. Pero que a él le toca ver simplemente esa línea. Ahora siento que en este momento soy ese navegante. Tengo que hablar de ese gran continente, de este vasto país con sus imperios, su historia y sus mitologías, su botánica y su zoología, todo eso que fue Xul Solar. No sé si lo he alcanzado; creo que no. Pero he percibido lo bastante para sentir ahora el vértigo; siento el vértigo de todo aquello infinito que vi en Xul, de lo cual me fue dado discernir algo. Muy poco, desde luego, pero lo bastante para saber que yo he estado frente a un hombre de genio. Se ha abusado de la palabra genio, pero en este caso creo que es indudable.Veamos algunas de las innovaciones que él propuso, ya que vivía modificando la realidad. Sé que han quedado muchos manuscritos suyos, -no sé si escritos en la Pan lengua o en lo que él llamaba el Creol -. Creo que la Pan lengua era un idioma universal. Un idioma formado un poco a la manera del Volapük pero sin lo ingrato, lo desagradable del Volapük. Ustedes saben que cada idioma tiene ciertas posibilidades de las que carecen otros. Por ejemplo, usted puede combinar en inglés o en alemán, verbos con preposiciones, es decir, como dice Kipling: “Ride the moon out of the sky, their hoofs dream up the door, think away.. ; eso no puede hacerse en castellano. Xul creó un idioma en el cual eso era posible. Hay formas de verbo que se han perdido: por ejemplo, los gladiadores le decían al César: Morituri te salutat’ (los que van a morir te saludan). Pues, esa forma se ha perdido. O la forma “ando’, que viene de “andus’ que quiere decir “lo que será, o lo que debe ser”. Por ejemplo: Amanda: la que debe ser amada. Esa forma del verbo se ha perdido, y creo que en la Pan-lengua de Xul existían todas las formas posibles. Cada idioma tiene alguna posesión secreta. Por ejemplo en castellano hay una di­ferencia que no se da en otros idiomas, entre ser y estar: una cosa es estar enfermo y otra es ser enfermo; estar triste y ser triste. Hay otros idiomas que no permiten esta diferencia, lo cual es una pobreza. Uno puede decir en castellano, “estaba solita”; eso podría decirse en inglés: “she was all alone”. Pero, ¿cómo decir “estaba sentadita”? Yo creo que no puede decirse en otros idiomas, porque sentadita significa que una persona está sentada y al mismo tiempo se expresa la ternura y el cariño que uno siente por ella: esta es una posibilidad del idioma castellano. Xul imaginó un idioma, la Panlengua, basado en la astrología. Creía sinceramente en la astrología, lo cual quiere decir que creía en la pluralidad de los astros o de los dioses. Xul me dijo: “Qué raro que la gente piense que es mejor creer en un solo Dios. Es un error. Si Dios es bueno, conviene que haya muchos dioses. Cuanto más dioses, mejor”. Y él aceptaba una pluralidad de dioses: por lo pronto, los dioses que corresponden a los planetas, a los días de la semana. El hablaba de Venus y creía que hay una divinidad llamada Venus. A una amiga mía le dijo: “Cuando usted sonríe, cuando usted mira, ¿por qué brillan sus ojos? ¿Por qué su sonrisa nos atrae? Porque es Venus la que sonríe”. Creó otro idioma, en el cual ha dejado buena parte de su obra: el Creol. Era un español enriquecido con las riquezas de otros idiomas. No un idioma absoluto; un idioma con raíces españolas y además con palabras tomadas de otras lenguas. Por ejemplo, decía: “Juguete, ¿qué es un juguete? Es un jugo inmundo. Es una palabra despectiva”. En cambio él prefería la palabra inglesa “toy”, y entonces decía: “se toy-besan, es decir se besan en broma, o “se toy-quieren”. El usaba continuamente palabras de este tipo. Le preocupaba mucho el adverbio. Me hizo notar, esto lo he repetido muchas veces después, que en castellano cuando usamos un adverbio, el acento cae sobre el sufijo mecánico. Por ejemplo, si decimos “rápidamente” o lo contrario, “lentamente”, lo que se oye es la parte mecánica, el “mente”. En cambio si se dice en inglés “quickly, slowly”, la parte mecánica, el gadjet, el artefacto, el ly’ casi no se oye, pero sí se oye, en “swiftly, slowly”, el “swift” y el “slow”. El había propuesto que se usara el “ue” como adverbio. Recuerdo un día en que fui a la casa de Victoria Ocampo y él dijo: “Tengo una gran noticia”; le preguntamos cuál era. La gran noticia era: “ha muerto el adverbio’. El había oído gente que decía: “Que le vaya lindo’, en lugar de: “Que le vaya lindamente’. Entonces él anunció que había muerto el adverbio, que ya podía reemplazarse por un adjetivo usado después de un verbo; y explicó eso largamente, y luego -estamos entre amigos, seamos infidentes, por qué no- después de una larga explicación ,Victoria le dijo: “Pero Xul, ¿qué es el adverbio?”. Claro, Victoria, autodidacta, sabía muchas cosas e ignoraba otras; el adverbio quedaba un poco lejos; Xul tuvo que explicárselo. Recuerdo también una señora, la marquesa de... para qué decir su nombre, digamos XYZ, que hubiera podido ser mecenas para Xul. Le hablamos a esta señora, lo conoció a Xul, Xul fue muy cortés con ella. Xul tenía una extraordinaria cortesía. Recuerdo que a cualquier casa que iba, lo daba la mano a la gente de servicio, se despedía de ellos, cosa que no se usaba entonces; no sé si se usa ahora tampoco, (posiblemente no haya más gente de servicio por lo cual esa cortesía es inútil). Esa señora había resuelto la ayuda a Xul y le preguntó algo. Xul contestó: “No sabo”. Xul era el hombre más capaz de amistad que he conocido. Creo que le debo quizás las mejores horas de mi vida, leyendo y discutiendo, y, sobre todo, dejándome enseñar por él. Recuerdo uno de los primeros sueldos que cobré -un sueldo de trescientos pesos, que significaban algo-. Pensé: Xul tiene tantos amigos ricos, no le han comprado un solo cuadro. Voy a destinar parte de este primer sueldo que gano -después de muchos meses de no ganar nada- y voy a comprar un cuadro de Xul. Le pregunté el precio de un cuadro suyo. Me dijo:“Son cien pesos. Voy a hacerle precio de amigo: le cobro cincuenta”. Me cobró cincuenta y me regaló además otro cuadro mucho más grande. Un rasgo muy lindo en Xul: Xul se negó siempre al comercio. Pensaba que la pintura era una de las artes liberales, y la ejercía con felicidad. Recuerdo también una herejía de Xul: no sé si ahora puede hablarse mal de Picasso. Hacia 1925 o 1930, no se podía. Y Xul dijo alguna vez que él pensaba que Klee era muy superior a Picasso. Eso no le fue perdonado. Tampoco el Creol, aunque fue imitado después por otros escritores. Dije que Xul vivía inventando continuamente. Había inventado un juego, una suerte de ajedrez, más complicado -como el diría más “pli”, porque en lugar de complicado decía “pli”. Un ajedrez más “pli” y quiso explicármelo muchas veces. Pero a medida que lo explicaba, comprendía que su pensamiento ya había dejado atrás lo que explicaba, es decir que al explicar iba enriqueciéndolo y por eso creo que nunca llegué a entenderlo, porque él mismo se daba cuenta de que lo que él decía ya era anticuado y agregaba otra cosa. En cuanto lo había dicho, ya era anticuado y había que enriquecerlo. De modo que no sé en qué quedó esto pan-juego, pero creo que hay gente que lo juega. Posiblemente hay gente que “pan-yo­ga”, como decía él, (que “pan-juega”). Espero que se haya conservado esto: una de sus muchas invenciones.
----------------------------------------------------------------------